Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

El gran debate de la transformación social. Chema Sabadell

De un tiempo a esta parte, hace ya muchos meses, las calles y plazas de nuestro país están siendo tomadas por multitudes de individuos que se empeñan en afear al poder conductas tan beneficiosas para la sociedad como reducir camas hospitalarias, menos maestros en la enseñanza, expolio de derechos laborales, merma de pensiones, incremento de la edad de jubilación, subidas de impuestos, desahucios, despidos masivos, pobreza y miseria creciente, etc. etc. Banalidades, como bien puede verse, imprescindibles para que, en un futuro, podamos vivir mejor.

Este discurso, que ya tiene años, crecía poderosamente en el seno de una sociedad sometida, enajenada por la mentalidad sumisa. Los sucesivos gobiernos de la tan manoseada transición han puesto gran empeño en conseguir una ciudadanía amorfa, desinformada y, sobre todo,  que asumiera que la democracia era, ni más ni menos, depositar cada cuatro años un voto en cada una de las elecciones de las que se tratara. Nuestro país, con la alternancia que se produce en 1.982. y la llegada de los “socialistas†al poder, consigue el hito máximo al que l@s español@s podíamos aspirar. El capitalismo estaba convenientemente dotado de los instrumentos y valores necesarios para hacernos la vida grata y provechosa. La democracia sería un instrumento coadyuvante en ese desarrollo capitalista.

Los sucesivos gobiernos habidos, tanto PSOEs como PPs en la nación, o en las autonomías (aquí con el concurso del partido nacionalista que viniera al caso) han puesto notable empeño en difundir ese concepto de fin de la historia. El bipartidismo, reedición de lo peor de nuestra “tradición democrática†solo podía mantenerse con la ficción de dos opciones diferentes, ambas encargadas de mantener invariable los esquemas del poder. Una de izquierda y otra de centro derecha con capacidad para canalizar las inquietudes de la sociedad española sin los sobresaltos que han sido tan nefastos en nuestra historia reciente. De esta tarea se encarga fundamentalmente el PSOE, ausente de las luchas antifranquistas, desconectado del movimiento obrero y carente de ideología, tiene la necesidad imperativa de afirmar su personalidad aniquilando a su izquierda. Para ello, en mi opinión, contó, entro otros, con un poderoso aliado: el, en otro tiempo, mitificado secretario general del PCE.

Las privatizaciones de empresas públicas de todos los sectores (desguace del INI), de bancos, de servicios (deteriorándolos para permitir la entrada del capital privado), el expolio de derechos duramente conseguidos por las luchas de los trabajadores, expolio imprescindible, por otra parte, para que el benevolente capital de las multinacionales hiciera escala en nuestro país. La criminalización del debate político al margen del políticamente correcto. Todo esto hacía necesario de una sociedad amorfa, desconectada del interés público. Aquello de ¡cada uno a lo suyo!, imbuida de que ya pagamos a políticos profesionales, gente que sabe, para que atiendan las cosas de mando.

De aquí surge un debate político vacío de contenido. Un debate aparentemente radicalizado con insultos y descalificaciones frecuentes pero con amplias coincidencias de fondo. De hecho, el insulto y la descalificación son, probablemente, la única opción de debate entre formaciones que comparten valores y principios en los fundamental mientras se va sucediendo la cadena de acontecimientos que nos lleva hasta el desastre del hundimiento de la economía  sin “recursos propios†ni ideología con la que hacer frente al desastre. Un debate dopado que pone el límite de la izquierda en el PSOE en lo político y el PAIS – sumo de la elegancia y el saber  periodístico – en lo mediático. ¡La izquierda somos nosotros – dijo en su día Guerra con aquel “gracejo†que tanto lo caracterizó (¡dales caña Alfonso, dales caña!) el resto es cosa de la guardia civil!

Pues bien, ese marco de debate, entre dos opciones con tan alto grado de coincidencias de fondo es el que ha sido barrido en las calles y plazas de nuestro país. El debate ha cambiado de escenario y de contenido, y de la misma forma que el neoliberalismo (expresión cimera del capitalismo, no lo olvidemos) a pesar del enorme poder que conserva, ha sido derrotado  en toda su extensión – de ley es reconocer que en primer lugar su derrota se la debemos a los compañeros latinoamericanos – ese debate vacío ha sido arrinconado por la historia y, en su lugar, emerge con fuerza el debate por la transformación social, por la transformación socialista de la sociedad. Un debate este que se está apoderando de las masas y que lleva en su seno un futuro prometedor. Un debate de masas enmarcado entre el reformismo socialdemócrata y al anticapitalismo, el debate que propone la transformación socialista de la sociedad. Un debate, en definitiva, entre el la izquierda socialdemócrata y la izquierda revolucionaria, la izquierda que propugna la construcción socialista de la sociedad.

Y ese debate que se da en la sociedad no es ni más ni menos que el debate que hay, también desde hace años, en el seno de IU y de muchas otras organizaciones (el PCE, por ejemplo) que cobra virulencia como consecuencia de la profundidad de la crisis que está haciendo tambalear al sistema y adquiere matices específicos en torno a la situación política que se está viviendo en Andalucía. IU es así una especie de crisol de la política viva, del debate de actualidad y de una esperanza de futuro.

En IU concurren organizadamente ciudadanos que propugnan cada una de estas opciones: un anticapitalismo creciente y cada vez más militante conviviendo con ciudadanos que propugnan valores socialdemócratas, bien entendido que, estos últimos, están a una considerable distancia del PSOE y de los valores del más rancio capitalismo que hoy propugna, aunque de forma camuflada, la socialdemocracia oficial..

Este debate está llamado a crecer, a polarizar cada vez más a la sociedad. Un debate vivo y agudo que IU, con el concurso de todas las corrientes, ha de encargarse de canalizar admitiendo previamente que “el otro†, el interlocutor, puede tener o no razón, pero que tiene derecho a mantener su posición. Sin descalificaciones, y sobre todo sin el discurso facilón tan del gusto de los apesebrados y mercenarios medios de comunicación que con prontitud acuden, siguiendo los dictados de sus amos, a lo manido de la “perniciosa influencia del PCE†.

La convivencia entre ciudadanos que sostienen cada una de estas opciones, así como su convergencia durante un largo trayecto no tiene porque estar cuestionada. Al contrario, puede ser fructífera y creciente en la medida que no haya descalificaciones cada vez que una de ellas se impone sobre la otra en el curso del debate que concluye en la orientación política del momento concreto. Estos dos polos han de fortalecerse y vivir juntos hasta conseguir la hegemonía sobre el discurso derrotado del social-liberalismo que, no obstante ser insostenible en el seno de las vanguardias activas, ha acumulado, a lo largo de más de 30 años de gobiernos, ingentes resortes de poder y apoyos clientelares, institucionales, mediáticos y económicos. La convivencia de estos dos conceptos en el seno de IU puede dejar de ser fértil en el momento que se haya arrebatado a la socialdemocracia oficial la titularidad de las esencias socialdemócratas. En ese momento cobrará fuerza el grandioso debate entre el proyecto socialista y el reformismo socialdemócrata keynesiano. La profundidad de la crisis hará que esa polarización del debate no se retrase demasiado en el tiempo, y ese es, en el fondo el núcleo del debate que hoy atraviesa a IU en el contexto del resultado de las elecciones en Andalucía. IU no puede perecer en el resultado de ese debate. Al contrario, tal debe servir para fortalecer ambas posiciones, y del mismo modo que yo entiendo que lo mejor para la izquierda es no involucrarse con el partido que ha gobernado Andalucía como un cortijo durante las tres últimas décadas, con valores en las antípodas de lo que defiende – o debe defender IU – de antemano las bases y la dirección deben asumir el resultado de la consulta para, inmediatamente, actuar coordinadamente en la dirección que marque la consulta.

Aún no ha llegado el momento de la confrontación política e ideológica por el objetivo irrenunciable de la transformación socialista de la sociedad. Ahora IU debe crecer y multiplicarse. Debe actuar con honestidad y eficacia política.- IU debe ser el reflejo de la izquierda plural que tiene tan largo recorrido y que no solo es en España sino en toda Europa, incluso en gran medida en Latinoamérica se está construyendo. No podemos perder. No hay alternativa. Necesitamos a IU.

http://www.larepublica.es/2012/04/e...



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