Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

Construir el poder ciudadano para regenerar el país

MANUEL MONEREO Y PEDRO MONTES

Nuestro país se desangra, se descompone, está degradándose a ojos vista. Millones de parados y excluidos; el Estado del bienestar gravemente amenazado; la corrupción invade el cuerpo social; los canallas son tratados como caballeros o más; los peores explotadores, dignos de consideración; los políticos desprestigiados engañan y desprecian al pueblo. Estamos viviendo la crisis de un régimen que se resiste a morir y las dificultades de transitar a otro diferente regenerado. La Constitución de 1978, en su espíritu y la letra, se ha alterado muy regresivamente al margen del pueblo soberano.

La mayoría ciudadana sabe y siente que el auténtico soberano es ahora la oligarquía financiera, que todo lo determina. Los poderes económicos han impuesto un verdadero estado de excepción global que está eliminando sistemáticamente los derechos sociales y las garantías laborales y sindicales. Un conjunto de medidas económicas y sociales, surgidas como imperativos de la Unión Europea, compartidas a fondo por el PP y el PSOE, están llevando al país a la ruina y han modificado esencialmente los principios que organizaban la Constitución de 1978. Ha quedado en suspenso el orden jurídico democrático y anulada la posibilidad del pueblo para definir los fundamentos, reglas y procedimientos con los que articular una convivencia civilizada.

No es casualidad que los derechos que sistemáticamente se golpean son los de los más débiles, los asalariados, la clase obrera. La mutación constitucional en curso es un retroceso enorme. Estamos ante una involución de la civilización donde derechos y libertades conquistadas a lo largo de siglos de luchas se están eliminando a golpe de BOE; donde los fundamentos de un orden democrático se destruyen con impunidad y sin miramiento alguno.

Los ‘poderes económicos’ han arrebatado las facultades que pertenecen a la soberanía popular. Con las restricciones de derechos y libertades están expropiando su poder constituyente. Desean convertirnos en súbditos y, si es posible, en siervos de la oligarquía financiera, cuyo objetivo en la crisis es propiciar una gigantesca redistribución de la renta, la riqueza y el poder a su favor. Han capturado al Estado para ponerlo a su servicio, para reestructurar el capital y para doblegar a la clase trabajadora.

La verdadera solución a los problemas del país pasa por promover un proceso constituyente que, con la participación de los ciudadanos y ciudadanas, regenere en todos los órdenes la vida colectiva. Frente a la desolación actual y un horizonte sombrío y sin esperanzas -Grecia está mucho más cerca de lo que pensamos- hay que reivindicar el ejercicio del poder por los ciudadanos y ciudadanas. Para que ejerzan su derecho fundamental, origen y base de todos los demás: tener capacidad de autogobernarse, de constituirse en una comunidad de hombres y mujeres libres e iguales, en la que prevalezca la razón, la justicia y la libertad, y predomine la fraternidad sobre los egoísmos y la insolidaridad.

Por todo esto, hay que defender y exigir nuestro poder constituyente. Que la sociedad y la política tengan como fundamento la legitimidad de la soberanía popular, cuyos únicos depositarios son los ciudadanos y ciudadanas. Que el Estado recupere todos los resortes e instrumentos que hacen posible poner los recursos disponibles al servicio de las necesidades materiales y culturales de los ciudadanos.

El mayor desafío para esta regeneración del país es la resignación y la desorientación de las gentes. El poder, con una labor de zapa permanente, ha hecho creer que no hay alternativas sociales y políticas factibles para salir de la crisis provocada por el propio neoliberalismo y la Europa de Maastricht, salvo la de endurecer la política neoliberal, avanzar en la desregulación, descargar sobre los trabajadores y la mayoría social ajustes y recortes; en suma, promover la desigualdad y reforzar el poder de las minorías sobre la inmensa mayoría.

La ciudadanía no confía en su propia fuerza tras ser sistemáticamente engañada, apabullada por el poder y desolada por la crisis económica. Este es el gran reto que tiene el país.

Que la ciudadanía aprenda y se convenza de que, cuando de forma masiva y permanente ejerce sus derechos democráticos, se moviliza y organiza, no hay barreras que se le resistan ni la desvíen de sus objetivos. Que el pueblo es el fundamento de toda democracia. Que las libertades y los derechos sociales son intocables, que hay que defenderlos, ampliarlos y desarrollarlos. Esto se consigue con compromisos claros, la acción colectiva y la participación.

La ciudadanía debe superar el miedo, evitar la resignación y ejercer de protagonista de la Historia. De nuestra historia.

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