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Eduardo Garzón: "¿Qué está pasando en Grecia?"

Si el pueblo griego dice “no” en el referéndum del día 5 de julio y rechaza el acuerdo la pelota quedaría en el tejado de la Troika.

Ya varios meses antes de que Syriza llegase al gobierno muchos ciudadanos griegos comenzaron a acudir a sus bancos a retirar parte de sus ahorros debido al miedo que los grandes medios de comunicación generaban a tenor de la posible victoria electoral de la izquierda radical. En realidad en Grecia no había cambiado nada, pero sólo el hecho de esos temores creados y difundidos por los grandes intereses económicos y mediáticos nacionales e internacionales (contrarios a Syriza) estaba provocando que los bancos griegos se quedasen sin dinero porque demasiada gente estaba llevándose sus ahorros a sus casas o a otros bancos extranjeros. Frente a ello, el Banco Central Europeo (BCE) activó un mecanismo de emergencia para que todos los bancos griegos pudieran disponer de tantos euros en efectivo como fuese necesario.

Tras la victoria de Syriza, la élite económica y mediática alimentó el miedo todavía más, y la cantidad de ahorros retirados de los bancos griegos fue en aumento. Para evitar que se secasen, el BCE continuó permitiendo que los bancos pudieran acceder a tantos euros como necesitasen. Así, desde finales de 2014, el BCE ha estado suministrando euros a todas las entidades bancarias griegas para cubrir las necesidades de sus clientes. Y lo ha estado haciendo sin descanso…hasta el día de hoy, lunes 29 de junio.

Tras el anuncio del primer ministro griego de convocar un referéndum el 5 de julio para que sea el pueblo el que decida si aplicar o no las medidas de austeridad que les impone la Troika, el BCE ha cambiado de estrategia y ha cerrado el grifo que permitía a los bancos griegos operar. En consecuencia, los bancos no van a tener suficiente dinero en efectivo para atender a todas las retiradas de ahorros que se produzcan. Para evitar que algunas personas saquen todo sus ahorros y otras personas no puedan sacar nada, el gobierno griego ha establecido un control de capitales, de forma que durante una semana los ciudadanos griegos no puedan sacar más de 60 euros en efectivo al día. Así se asegura que todo el mundo pueda sacar al menos algo de dinero. Ahora bien, se pueden realizar pagos sin límites utilizando tarjetas de crédito y también a través de internet, siempre que las compras y transferencias sean internas y el dinero no salga del país.

El gobierno griego le ha pedido al BCE que mantenga abierto el grifo de dinero a los bancos al menos hasta el día del referéndum, para que los ciudadanos puedan votar libremente en democracia y no chantajeados por el miedo, pero la respuesta ha sido negativa. No hace falta ser muy perspicaz para entender de que esta nueva maniobra del BCE pretende presionar (aún más) a la ciudadanía griega, de forma que finalmente se acepte el acuerdo en el que se recogen las medidas de austeridad. Se puede considerar un chantaje en toda regla, y de los más salvajes.

Con respecto a la posible salida de Grecia del euro el asunto responde a otros elementos y a otras fechas. Mañana martes 30 de junio acaba el plazo para que el gobierno griego devuelva 1.600 millones de euros al FMI, pero como no ha aceptado el acuerdo con la Troika, no dispone de suficiente dinero para realizar el desembolso. Si no se llega a un acuerdo antes del martes (las instituciones europeas están actualmente reunidas y afirman que ése es su deseo), el gobierno griego no pagará al FMI. Pero el impago al FMI no está considerado como evento de default a nivel técnico, al ser un acreedor individual y su deuda no transable, de forma que no se activarían las cláusulas de los CDS (productos financieros en los que se “apostó” a que Grecia entraría en default), que es lo que seguramente desencadenaría una crisis importante a nivel europeo (y quizás a mayor nivel).

Por lo tanto, los ojos están puestos en el día del referéndum: el día 5 de julio. Si el pueblo griego dice “sí” y acepta el acuerdo de la Troika, el problema económico volvería a su cauce habitual: más austeridad para Grecia pero dentro del euro. En todo caso el problema sería de carácter político, pues cabe suponer que el gobierno de Syriza no se sostendría y probablemente Tsipras dimitiría. En cambio, si el pueblo griego dice “no” y rechaza el acuerdo, la pelota quedaría en el tejado de la Troika: podría hacer concesiones y reconducir el asunto o, en cambio, podría directamente romper relaciones con el gobierno griego, de forma que el impago se declararía como muy tarde el 20 de julio (se cumple el plazo para devolver dinero al BCE) y muy probablemente la salida de Grecia de la Eurozona.

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