Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

IU y Podemos, sin unidad no hay alternativa

colaboración de Carlos Tuya

Terminado el recuento de las elecciones autonómicas y municipales podemos escrutar, de manera científica, sin anteojeras ideológicas, la estructura socio-política de España que se refleja en la decisión de los ciudadanos desde dos ópticas distintas pero complementarias: los ayuntamientos y los parlamentos autonómicos. Solo una correcta interpretación de los datos nos permitirá analizar los desafíos que se les plantean a las distintas fuerzas políticas con objetivos estatales. En mi anterior artículo Si se puede, pero... alertaba contra la ensoñación populista, que las elecciones andaluzas no parecían haber despejado. En dicho artículo señalaba: Las próximas elecciones municipales y autonómicas, de acuerdo con las proyecciones estadísticas de voto disponibles -en general bastante coincidentes- parecen confirmar que en nuestro país, con una cultura de izquierdas, una larga tradición de lucha, y una reestructuración de las fuerzas políticas en pugna, resulta descabellada la propuesta populista, que presupone una clara ruptura dicotómica (arriba-abajo) aunque tenga un carácter progresista. El rechazo generalizado a la corrupción y a las políticas de austeridad no se articula en una respuesta común, en un constituirse como pueblo, de la gran mayoría de la ciudadanía frente a la minoría elitista (casta), sino que se articula en diferentes propuestas o demandas que responden a los diferentes intereses y percepciones de la salida de la crisis y lucha contra la corrupción de las distintas clases y grupos sociales de nuestro país.

Las elecciones municipales y autonómicas, a seis meses de la generales, no solo permiten comprobar la fuerza real de cada propuesta electoral, y la subsiguiente concreción en gobiernos de alcaldías y autonomías, sino las líneas maestras del juego político, sus dinámicas y las motivaciones sociales que configuran el voto ciudadano. Empecemos por la cruda realidad de los datos, sin lecturas justificativas. El panorama dibujado electoralmente en España por los votos de los ciudadanos es el siguiente:

ELECCIONES AUTONÓMICAS [1]

- Votantes: 12.884.335
- 1º. Partido Popular: 3.850.071 (29,88%)
- 2º. PSOE: 3.150.950 (24,45%)
- 3º. Podemos: 1.799.728 (13,96%)
- 4º. Ciudadanos: 1.259.534 (9,77))
- 5º. Izquierda Unida: 500.576 (3,89%)

Estos datos cobran mayor relevancia de cara a mi análisis sin los resumimos de la siguiente manera:

- El PP ha sido la fuerza más votada en 8 (Aragón, Baleares, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Madrid, Murcia, Rioja, Comunidad Valenciana (y en las ciudades de Ceuta y Melilla) sin alcanzar mayoría absoluta en ninguna.
- El PSOE ha sido la fuerza más votada en 2 autonomías (Asturias y Extremadura) y la segunda fuerza en 8 (Aragón, Baleares, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Madrid, Murcia, Rioja, Comunidad Valenciana) lo que le abre las puertas del gobierno.
- Podemos ha sido la tercera fuerza en 9 (Aragón, Asturias, Baleares, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Extremadura, Madrid, Murcia, Rioja, la cuarta en 3 (Cantabria, Canarias, Navarra) y  la quinta en 1 (Comunidad Valenciana)
- Izquierda Unida ha quedado en quinta posición en 1 (Asturias)

Es decir, el eje del cambio de izquierdas sigue siendo el PSOE, pese a su pérdida de votos. Podemos, pese a sus meritorios resultados, pasa a ser la muleta imprescindible para que el PSOE consiga gobernar, con la ayuda, en algunos casos, de Izquierda Unida y otras formaciones de izquierda. Este es, hoy por hoy, el hecho, más allá de entusiasticas proyecciones ilusionantes, poco aconsejables a la hora de plantearse proyectos políticos ambiciosos. Una confirmación en toda regla de lo acontecido en Andalucía, que debe servir para plantearse las próximas elecciones generales con realismo, ya que, como veremos más adelante, los resultados autonómicos permiten plantearse la meta de la hegemonía en la izquierda, desbancando al PSOE de su actual posición. Siempre que se sepa interpretar correctamente la más amplia muestra electoral que son las municipales. Veamos los resultados:

ELECCIONES MUNICIPALES

- Votantes: 22.669.649
- 1º. Partido Popular: 6.032.496 (27,03%)
- 2º. PSOE: 5.587.084 (25,03%)
- 3º. Ciudadanos: 1.461.258 (6,55%)
- 5º. Izquierda Unida: 1.054.781 (4,73)

Dado que las candidaturas populares de Podemos no se presentaban en todos los municipios, ni siempre con la misma composición, no pueden establecerse datos globales con el mínimo rigor exigible. Aquí lo significativo son los votos logrados por las candidaturas de unidad popular en las principales ciudades donde se han presentado:

MADRID: PP: 563.292 (34.55%) AhoraMadrid: 519.210 (31.85%) PSOE: 249.152 (15.28%) C’s: 186.059 (11.41%)

A CORUÑA Marea: 34.864 (30.97%) PP: 34.760 (30.88%) PSdeG-PSOE: 20.595 (18.3%) BNG: 6.448 (5.73%)

CADIZ PP: 22.004 (33.68%) Por Cádiz Si se Puede: 18.277 (27.98%) PSOE.-A: 11.359 (17.39%) Ganar Cadiz en Común: 5.487 (8.4%)

BARCELONA Barcelona en Comú-E: 176.337 (25.21%) CiU: 158.928 (22.72%) C’s: 77.279 (11.05%) ERC-Mes: 76.988 (11.01%) Psc-Cp: 67.380 (9.63%) PP: 60.877 (8.7%)

ZARAGOZA PP: 87.554 (26.88%) Zaragoza en Común: 80.040 (24.57%) PSOE: 60.746 (18.65%) C’s: 40.046 (12.29%)

GIJÓN FAC: 36.183 (25.56%) PSOE: 35.105 (24.8%) Xixón Sí Puede: 29.750 (21.01%) PP: 15.214 (10.75%)

OVIEDO PP: 37.088 (34.51%) Somos Oviedo: 20.514 (19.09%) PSOE: 19.385 (18.04%) IU-IX: 9.972 (9.28%)

ALICANTE PP: 38.490 (25.58%) PSOE: 30.526 (20.29%) Guanyar Alacant: 28.156 (18.71%) C’s: 28.132 (18.7%)

CÓRDOBA PP: 50. 776 (34.4%) PSOE-A: 30.334 (20.55%) Ganemos Córdoba: 18.460  (12.51%) IULV-CA: 17.670 (11.97%)

VALENCIA PP: 105.963 (25.71%) Compromís: 95.958 (23.28%) C’S: 63.399 (15.38%) PSOE: 57.981 (14.07%) Valencia en Comú: 40.420 (9.81%)

SEVILLA PP: 101.050 (32.98%) PSOE-A: 98.547 (32.17%) C’s: 28.442 (9.28%) Participa Sevilla: 27.753 (9.06%)

La previsible traducción política de los votos, pendiente de pactos, indica claramente que la izquierda ha ganado las elecciones. Así lo demuestran los posibles resultados finales: El PSOE posiblemente gobernará en todas las autonomías salvo Madrid, Castilla-León y Murcia; y eso si el PP llega a contar con el apoyo de Ciudadanos, cuya exigencia de primarias puede convertirse en un serio obstáculo. El mismo fen e iun mero apoyoes autonómicas;smo organizativo,aquen las conclusiones adecuadas, e oto expresado hasta ahora.s lañis? afuerza ómeno se da en los principales ayuntamientos del país. El resultado electoral benéficia globalmente al PSOE, con las notables y significativas excepciones de Madrid, Barcelona, Coruña y Cádiz, donde la unidad popular se ha convertido en la primera fuerza. Pero la evidente trascendencia de estas conquistas electorales, necesitadas a su vez del apoyo del PSOE, y su carácter simbólico, no debe hacernos perder la visión global, sin la cual toda proyección a las elecciones generales estaría distorsionada, cuando no falseada.

Hasta aquí los datos, veamos a hora las posibles lecturas. Antes de nada, debemos resaltar que, en términos de bipartidismo imperfecto, o pugna por ser el partido mayoritario en España, mientras el PP, que logra mantenerse como primera fuerza, ha perdido casi 2,55 millones de votos respecto a 2011, el PSOE ha tenido una sangría mucho menor, con una perdida de 689.000, lo que acorta las distancias entre ellos, en un proceso que augura el previsible sorpasso de los socialistas en las próximas elecciones generales.

PRIMERA LECTURA

El bipartidismo casi absoluto de los últimos lustros, se ha transformado en un bipartidismo imperfecto, que aglutina al 52% de los votos, pero no ha desaparecido como parecían indicar ciertas encuestas que daban casi un empate técnico a los cuatro partidos estatales en liza. Eso se traduce, en términos de gobernabilidad, en que ambos partidos tiene que pactar con otras fuerzas, principalmente Ciudadanos y Podemos. Si tales pactos se cumplen, el mapa político español estará dominado por los dos grandes partidos, con una mayor cuota de poder para el PSOE. En ese sentido, como he señalado antes, la izquierda ha ganado las elecciones, pero no se ha producido un vuelco (o ruptura con el régimen del 78) hacia el cambio profundo que proponía Podemos, y que ha creído ser el único capaz de encarnarlo, sin el "lastre" de un viejo partido como Izquierda Unida. Podemos, tal como ya se anunciaba en Andalucía, por si solo es incapaz de convertirse en una opción ganadora estatal por mucho que sus dirigentes sigan insistiendo en la dinámica de cambio para justificar sus resultados; sobresalientes si se quiere, pero lejos de la mayoría absoluta a la que aspiran. Gran parte de su crecimiento ha sido ha costa de fagocitar a buena parte del electorado de Izquierda Unida, incapaz de superar sus contradicciones internas, como claramente se ha visto en Madrid y Extremadura. Otra, nada desdeñable, la incorporación a la lucha electoral de una parte importante de los desengañados e indignados, particularmente jóvenes. No alcanzo a percibir en qué puede variar sustancialmente la situación dado los pocos meses que quedan para las elecciones generales, verdadero objetivo de Podemos. Más bien es previsible un afianzamiento del PSOE en su papel de fuerza mayoritaria de la izquierda.

¿Qué se puede hacer entonces para conquistar la hegemonía en la izquierda y con ella la posibilidad de gobernar el país? La respuesta está en las elecciones municipales: cuando Podemos ha propiciado, o se ha integrado, en propuestas unitarias encabezadas por personas de reconocido prestigio y honestidad como Ahora Madrid, Barcelona en Comú o la Marea de A Coruña, han conseguido convertirse en la primera o segunda fuerza política, con opciones claras de gobernar. Un ejemplo claro es lo ocurrido en Madrid, donde la candidatura municipal de Ahora Madrid ha tenido 519.210 votos, mientras que en la elección para el parlamento autonómico, Podemos solo ha conseguido 286.973 votos, un 55% menos. La política de ir a las elecciones municipales en candidaturas populares, como mal menor, obligados por las circunstancias, y presentarse en solitario en las autonómicas, ha sido un error sin paliativos. Los datos confirman lo que debería haber sido una evidencia a tanto profesor de políticas: solo una amplio bloque popular puede aspirar a encabezar el cambio e implementar políticas verdaderamente de izquierdas.

La propuesta supuestamente vertebradora y necesariamente exclusivista de Podemos (los de arriba y los de abajo) es una ensoñación populista con la que se pretender construir un populus a base de negar la dialéctica (de clases) izquierda-derecha, que sigue siendo la que determina la orientación de voto, y en los próximos días los necesarios pactos entre los partidos. La izquierda gana, el populismo laclaudiano pierde. ¿Serán capaces los Errejón y compañía de entenderlo? ¿Se liberarán de las teorías sobre la sobredeterminación freudiana, las cadenas equivalenciales, los significantes flotantes y vacíos, el objeto a, el Gran Otro, y toda la fantasía psicoanalista aplicada a las ciencias sociales. ¿Seguirán pensando que, como se trata de un proceso de cambio irreversible -más lento, eso sí, de lo esperado-, hay que mantenerse firme en su negativa a participar en propuestas unitarias de izquierdas, en unidades populares, y presentarse en solitario a las elecciones generales con la esperanza de pasar de la tercera o cuarta posición a la primera? Mucho me temo que no sea así. Pero un tweet de Errejón abre un rayito de esperanza: La política en España ya no es un juego de dos, basta mirar las grandes ciudades que son motor del cambio. Efectivamente, hay que mirar a las grandes capitales como Madrid y Barcelona donde se ha producido un cambio, precisamente porque se han presentado candidaturas unitarias, de unidad popular, abiertas y encabezadas por las personas adecuadas.  Lo que nos lleva a la segunda lectura.

SEGUNDA LECTURA

Izquierda Unida ha sufrido un serio descalabro, particularmente en Madrid, donde la división y el oportunismo -disfrazado de pristino amor por las siglas- de la dirección regional ha contaminado al resto de las candidaturas, con la honrosa excepción de Asturias, donde Llamazares, para mi el dirigente más sensato de IU, ha mantenido el tipo, aunque ha sido desbordado por Podemos. Si hacemos cuentas en Asturias, la suma de IU y Podemos, de haberse presentado juntos, les convertiría en la primera fuerza. ¿No hay que sacar ninguna conclusión de esta evidencia? Y no solo Podemos. Para mi esta claro que a Izquierda Unida se le plantea un desafío muy serio y de difícil solución. Es cierto que IU resiste en las municipales, con una pérdida de 400.000 votos y obtiene un número similar de concejales al de 2011, lo que tiene cierta lógica dado su entramado de concejalías preexistente, del que carecía Podemos. Sin embargo, no puede obviarse su estrepitoso desplome en las autonómicas: desaparece de 4 de los 8 parlamentos donde tenía representación, con Madrid como máxima expresión de tal debacle. Y, encima, la candidata de IU Madrid, Raquel López, en vez de dimitir inmediatamente de toda responsabilidad orgánica, si es que la tiene, se permite insultar a Garzón calificándole de miserable.[2]

Los mezquinos tiras y aflojas entre Izquierda Unida y Podemos, ensimismados en su fuerza, se han repetido en numerosas ciudades de todo el país, con soluciones dispares en cada municipio. Por ejemplo, en la Comunidad Valenciana hay listas de unidad en Alicante (Guanyar Alacant) y Valencia (Valencia en Comú), pero no en Castellón. Pero, en general, cuando ha habido unidad el resultado ha superado la suma de cada una de las partes. Lo que es lógico, ya que la propia unidad actúa como un polo de atracción político, fundamentalmente entre los indecisos y desengañados. Si, por ejemplo, en Cádiz se hubieran presentado unidas Por Cádiz Si se Puede, impulsada por Podemos, y Ganar Cádiz en Común, por Izquierda Unida, se habrían convertido en la primera fuerza, con el 36% de los votos. Casos parecidos son los de Córdoba, donde Izquierda Unida-Los Verdes y Ganemos Córdoba de Podemos se presentan separados, ocupando los puestos tercero y cuarto. De haberse presentado juntos serían la segunda fuerza. Lo curioso es que cuando se leen las declaraciones, principios y programa de Podemos e Izquierda Unida, encontrar alguna diferencia significativa es bastante peliagudo, incluso pese a la falta de concreción de Podemos en algunas materia sensibles.

SER O SER LA MULETA DEL PSOE

Un panorama más completo de la situación, necesario para abordar el desafío de Podemos e Izquierda Unida, exige que incluyamos en el computo autonómico a Andalucía, y que hagamos una proyección, en base a los datos de las elecciones municipales, de las autonomías que no han concurrido: Cataluña, Galicia y Pías Vasco. El resultado, con las lógicas dosis de incertidumbre, evidencia que, de seguir con el mismo planteamiento actual, Podemos se consolidaría como la tercera fuerza política en las próximas elecciones generales, salvo imprevistos de tal magnitud que fueran capaces de trastocar la dinámica del voto expresado hasta ahora. Determinante, eso si, para que gobierne el PSOE, un papel sin duda meritorio para un fuerza emergente, pero muy lejos de las ensoñaciones populistas (versión laclauniana de izquierdas) de mayorías para gobernar España. ¿Es inevitable? Parece que no, siempre que se saquen las conclusiones adecuadas,

El dilema de Podemos es: o convertirse en la muleta del PSOE, lo que puede ocurrir si sigue empeñado en presentarse en solitario, como atestiguan las elecciones autonómicas; o aspirar a invertir la ecuación, y pasar a ser la primera fuerza del cambio, y traspasar la muleta a los socialistas. Y eso pasa necesariamente por impulsar (y liderar si hiciera falta) una alternativa popular ganadora, cuyo modelo es el que han confirmado las urnas de Barcelona y Madrid.

En cuanto a Izquierda Unida, el dilema, mucho más dramático, es: o renovarse radicalmente, erradicando el sectarismo y el revanchismo de sus filas (insoportable la situación de Madrid y Extremadura) mediante un congreso de refundación, que debe realizarse antes de las elecciones generales; o mantenerse en la indefinición y la falta clara de liderazgo, con el riesgo de convertirse en un partido testimonial, cargado de heroicas luchas pasadas. Lo más grave es que Izquierda Unida, si no sale de su parálisis política y marasmo organizativo, no podrá neutralizar el populismo interclasista de Podemos, y apoyar las fuerzas unitarias que anidan en su seno. O, si la unidad con Podemos no fuera posible, impulsar ellos esa unidad, imprescindible para que la alternativa de izquierdas no sea un mero apoyo del PSOE.

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