Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

Encrucijada de la izquierda

Ramón Trujillo, coordinador IU Canaria

Si Izquierda Unida hubiera gobernado durante la década pasada, la crisis jamás habría tenido los efectos sociales devastadores que estamos viviendo. Porque IU siempre se opuso a la desfiscalización del Estado y a las políticas que inflaban la burbuja inmobiliaria; planteó la convergencia fiscal con los países más avanzados de la Unión Europea, para financiar un auténtico Estado del bienestar, con lo que conlleva de aumento del empleo, la masa salarial y la demanda interna, y, además, hubo propuestas contra la corrupción y el desmantelamiento de lo público mediante privatizaciones que, de haberse aplicado, nos habrían dejado en una situación muy distinta a la actual.

Es importante entender que IU ha representado durante muchos años una alternativa real a los despropósitos económicos que han hecho tan dolorosa la crisis. Una alternativa real con presencia en todo el Estado, articulada y organizada, con decenas de miles de militantes que tienen una razonable similitud ideológica. IU cuenta con proyectos propios para Canarias, el Estado y la Unión Europea. Por todo ello, una vez que la crisis incrementó los apoyos a IU, se encendieron las luces rojas del poder económico, que para neutralizarla recurrió a su brazo armado: las grandes empresas de comunicación. IU es el objetivo que se quiere abatir, no porque sea una organización perfecta, sino porque no es todo lo imperfecta que quisiera el poder económico, que sabe que tiene una capacidad limitada de condicionar sus decisiones y de forzar que cambie de política.

Pero, antes de detenerme en el escenario de neutralización parcial de la izquierda que intenta inducir en todo el Estado el poder mediático, repaso someramente su situación en Canarias. Es obvio que el primer dato esperanzador parte del resultado de las pasadas elecciones europeas, en las que la izquierda canaria superó el 20% de los votos. Podemos irrumpió con el 10,9% de los sufragios e IU con el 10,4% (frente al 5,5% que le auguraban encuestas que, más que reflejar la intención de voto real, buscaban desmovilizar votantes de IU).

Que, por ejemplo, IU obtuviera el tercer puesto en Santa Cruz de Tenerife, tras PP y PSOE, apunta al potencial de transformación existente hoy en un feudo tradicional de Coalición Canaria. Es más, el hecho de que Izquierda Unida obtuviera un porcentaje de votos en Canarias superior a su media estatal evidencia un factor novedoso que, paradójicamente, se está viendo combatido por una reducción notable de los espacios de Izquierda Unida Canaria en diversos medios de comunicación del Archipiélago.

Sin embargo, el escenario de las elecciones municipales y autonómicas es muy fragmentado y, si no se llega a acuerdos amplios, una parte de la representación institucional que puede obtener la izquierda canaria se perderá. Esto lo sabe todo el mundo y la solución pasa por acuerdos amplios que sean capaces de sumar identidades individuales y colectivas. Debe entenderse que la izquierda es, y va a ser, plural y que, por lo tanto, hay que sumar y articular su diversidad y no pretender destruirla. Si esto se comprende y se obra con coherencia, algunos de los procesos de convergencia que ya están en marcha llegarán a buen puerto.

Ahora bien, hay que tener presente que el poder mediático está induciendo escenarios de convergencias, divergencias y neutralización de las izquierdas para que, si se aproximan al poder, en vez de cambiar al poder, sean cambiadas por el poder. En mi opinión, la derecha económica usa sus medios de comunicación para que el espacio de la política transformadora se divida, por una parte, en organizaciones como IU, las que integran la Izquierda Plural y otras de ámbito no estatal y, por otra parte, Podemos y diversas variantes de los Ganemos, en donde la afluencia de simpatizantes y militantes de variado plumaje ideológico, junto con la improvisación organizativa, serían factores que, antes o después, presionarían a la baja sobre sus propuestas programáticas. El objetivo es reproducir lo sucedido con el Movimiento 5 Estrellas en Italia: un crecimiento electoral vertiginoso, gracias al descontento social, que rápidamente acabe en una vía muerta. Obviamente, no estoy hablando de lo que pretende la gente de Podemos, sino de lo que espera el poder mediático de Podemos.

Porque es un hecho que el poder mediático promociona a Podemos (un estudio publicado por El Confidencial muestra que la intención de voto directa a Podemos, entre telespectadores de La Sexta, es del 34,9%, del 26,4% en Cuatro, pero del 6,6% en TVE-1). Y son también hechos el que la Sexta pertenece a José Manuel Lara (propietario del periódico La Razón) y Cuatro al grupo de Berlusconi. Se trata de empresarios que no quieren un cambio político real. Pero saben que mucha gente lo está deseando. Y la carta que están jugando es remozar lo que fue el escenario de Suresnes para domesticar a un PSOE que, a su vez, acabó domesticando profundos anhelos de cambio político.

Otro pilar del campo de juego para la izquierda que quiere inducir la derecha mediática es favorecer agrupaciones de electores para las elecciones municipales, en un contexto de demonización de la política y exaltación del ciudadanismo. Esto, si les saliera bien, serviría para disolver a la izquierda organizada y crear organizaciones de nuevo cuño con más diversidad ideológica interna y menos capacidad transformadora.

Es llamativo que el discurso del empoderamiento de los peatones de la historia conviva con la promoción de hiperliderazgos que blindan individuos frente a organizaciones. Se trata de recrear la desmovilización de la Transición: liderazgos fuertes, organizaciones débiles y expectativas de cambio ilusorias que desactivan parcialmente la movilización social. Recuerdo al asesor de Lula que decía que habían llegado al gobierno y que ya sólo les faltaba llegar al poder. Pues precisamente para eso sirve la movilización social: para llegar al poder. Así que echémosle corazón y cabeza al esfuerzo transformador, no sea que algunos errores evitables sólo los veamos en la resaca posterior a las elecciones.



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