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Izquierda Unida: la fuerza del cambio y la convergencia

Libertad Martínez. Resp. Área de Relaciones Políticas IUCM

Más de una década de políticas ominosas, coronada por una crisis sin precedentes, ha destrozado la cultura de cohesión y solidaridad que impregnó el nacimiento de nuestra Comunidad.

Lastrada en su origen por el bochornosotamayazo, la política de la derecha, basada en obra faraónica y privatización ha escalado cotas sin precedentes tanto en destrucción de lo público como en transferencia de rentas a los sectores más ricos y poderosos de Madrid.

En ese contexto, la mezcla de industrialización y servicios con la que se construía una Comunidad de cohesión ha dado paso a un erial industrial y un turismo de compras que, naturalmente, sólo puede amparar salarios de miseria, trabajo temporal y baja productividad.

La izquierda ha resistido pero no ha podido oponer una alternativa. El bipartidismo suponía una evidente limitación a las posibilidades de cambio. La primera responsabilidad de IU es afianzar la ruptura de ese modelo.

Tengo la impresión de que mucha gente y no pocos analistas, incluidos afamados politólogos de última hora, han dado por cerrado prematuramente el bipartidismo y finiquitado con extraordinaria rapidez a los partidos que lo representan.

Es evidente que la ciudadanía ha lanzado un nítido mensaje de hartazgo sobre el modelo y los partidos que lo sustentan. No obstante, buena parte de ese mensaje se ha basado en una alta abstención. Una parte del trabajo de quienes alentamos el cambio consiste en transformar esa pasividad en una activa voluntad de alternativa.

Otro riesgo posible es confundir bipartidismo con sistema. Creo que en no pocos discursos se percibe ese riesgo. Tanto entre quienes han expresado su rechazo activo al bipartidismo como en quienes se han abstenido percibo una evidente demanda de oxigenación democrática, regeneración, calidad democrática o como quiera llamársele.

Deducir, a partir de esa demanda, deseos de cambio en el modelo de estado, nacionalizaciones económicas, de régimen electoral, etcétera cuando la ciudadanía ni siquiera ha sido consultada a través de un programa me parece excesivo.

En suma, creo que nuestra primera obligación es consolidar la ruptura del bipartidismo. Lo que nos exige dos elementos fundamentales: transmitir la idea de una alternativa solvente y, segundo, no equivocarse de agenda política.

Izquierda Unida está especialmente preparada para ambas cosas y, en consecuencia, para abordar con energía nuestra segunda obligación: liderar programática, ideal y políticamente el cambio en Madrid, sea cual sea la fórmula política que este adopte.

Generar una alternativa solvente requiere consolidar el esfuerzo programático que la organización y el Grupo Parlamentario vienen realizando, eso solo será posible si no desviamos la agenda política de lo que la gente demanda.

La gente demanda lo público como garantía de solidaridad; el empleo como garantía de cohesión y las personas como centro de la política. El cambio político es que la gente llegue a final de mes y, si no lo hace, que lo público sea una ayuda y no un coste. Es por eso que el cambio político en Madrid será un cambio fiscal.

Ese programa puede tener, sin duda, un formato de convergencia política. La convergencia de la izquierda, superadora de principismos ideológicos y basada en el programa, está en los genes de la Izquierda Unida, fundada hace ahora 27 años.

No necesitamos excesivas originalidades para avanzar sino ser fieles a nosotros y nosotras mismos. La suma sobre base de programa y de agenda política compartida es el primer paso para dar solvencia a la alternativa.

Si el debate se centra sobre las personas, las imágenes o la nómina de agrupables no avanzáremos mucho.

El fortalecimiento de Izquierda Unida, del programa que representa y de su fuerza institucional es una garantía de cambio en la Comunidad de Madrid. No renunciar a ello por presiones de ninguna naturaleza es la garantía de que, finalmente, venceremos al bipartidismo.

La convergencia, el encuentro, la unidad de las fuerzas que desean el cambio tienen en el fortalecimiento de Izquierda Unida el mejor recurso.

Una militancia que no ha abandonado a la gente, que ha permanecido próxima a los problemas diarios y batallado por una política de lo público y el derecho para todos y todas, junto a un programa vinculado a la realidad, es el mejor patrimonio para el cambio en Madrid.

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