Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

25M: los bastiones de la alternativa. Rafael Pla López

Tal como preveíamos, las elecciones europeas del 25M han sido un primer golpe al bipartidismo, un primer paso en la ruptura de su hegemonía que ha cambiado la situación política. Pero ello no se ha producido como habíamos previsto.

IU ha tenido un aumento espectacular respecto a las anteriores elecciones europeas, tal como preveían las encuestas (recordemos que la del CIS nos daba 5 eurodiputados, y hemos obtenido 6 con un 10% de votos, 1.543.791 votos en total). Pero lo que no preveíamos era la fuerza con la que ha surgido PODEMOS (5 escaños con un 8%, 1.227.797 votos en total).

Hay que destacar que IU y PODEMOS hemos subido paralelamente, y que incluso en varias Comunidades Autónomas en las que ellos obtienen más votos que nosotros ambos hemos superado el 10%. Y los resultados en toda España son bastante homogéneos.

Si teníamos claro que el 25M era un primer paso, y que a partir de él teníamos que seguir trabajando por la convergencia de la izquierda política y social, teniendo en mente los próximos jalones que serán las elecciones autonómicas y municipales y las elecciones generales, después del 25M aparece claro que los principales interlocutores políticos para esa convergencia somos IU y PODEMOS. Y no sólo por razones cuantitativas, como fuerzas de un orden de magnitud similar, por encima de un millón de votos, sino por razones cualitativas, dada la coincidencia de nuestros programas, que se expresará por nuestra unión en el mismo grupo parlamentario de Izquierda Unitaria Europea.

Naturalmente, y con carácter inmediato, seguiremos trabajando juntos en cada lugar en la movilización social. Pero dadas las características de Podemos, como una fuerza de ámbito estatal nucleada a partir del liderazgo personal de Pablo Iglesias, hay que subrayar que un acuerdo político en la perspectiva de las próximas elecciones sólo tendrá sentido como un acuerdo global en todo el Estado. Para ese acuerdo no es de esperar que haya dificultades en cuanto al programa, dadas las coincidencias existentes.

En este proceso será importante mantener diferenciada la identidad de cada fuerza, lo cual será la única forma de unir no sólo las candidaturas sino los electorados, dada su diferente dinámica, y a partir de ahí buscar un efecto multiplicador.

Recordemos que en la construcción de la convergencia social un problema central ha venido siendo la confluencia y las discrepancias entre los movimientos organizados, con un protagonismo importante de los sindicatos mayoritarios y dinámicas como la Cumbre Social, y movimientos con fuerte componente espontaneísta como el 15M, el 25S o últimamente el 22M. La confluencia entre ellos no ha sido fácil, pero ha sido y sigue siendo esencial para movilizar a la gran mayoría contra los recortes sociales y las políticas austericidas de la Troika. Y dichas diferentes dinámicas pueden haberse expresado también en el voto diferenciado a IU (cuya candidata número 2, recordemos, era una dirigente de CC.OO.) y a PODEMOS.

Y dichas identidades diferenciadas descansan también en diferentes formas de funcionamiento: IU como un movimiento político y social organizado de base asamblearia, eligiendo asambleariamente nuestras candidaturas con un sistema electoral proporcional. PODEMOS con un funcionamiento plebiscitario a partir de un liderazgo personal, que han expresado a través de las “primarias abiertas†para escoger el cabeza de candidatura. Debemos sostener las ventajas nuestro procedimiento, que permite elegir democráticamente no sólo la cabeza, sino toda la candidatura, después de un debate en igualdad de condiciones no mediatizado por los medios masivos de comunicación. Pero no podemos pretender imponer nuestro método a PODEMOS, integrándolo en IU, del mismo modo que PODEMOS no puede pretender imponernos su método para integrarnos en él. El acuerdo tendrá que ser entre dos fuerzas en condiciones de igualdad respetando las respectivas formas de funcionamiento. Y para la formación de las candidaturas habrá que partir de los datos de las elecciones europeas, que nos sitúa como fuerzas con un peso electoral similar, situándose IU por delante en una mayoría de Comunidades Autónomas, y Podemos por delante en otras, entre ellas una tan emblemática como la madrileña.

Pero hay que subrayar que el acuerdo es necesario para construir no sólo un referente de izquierdas, sino una alternativa real de gobierno frente al bipartidismo sumiso a la Troika. Para lo primero puede bastar un apoyo de un 10% de la población. Para lo segundo tenemos que situarnos en el entorno de un 20%, que se ha expresado claramente en estas elecciones a través de IU y de PODEMOS, que se alzan así como bastiones de la alternativa. Pero si la proporcionalidad de las elecciones europeas ha permitido que ello se exprese en su resultado, las distorsiones del sistema electoral español implican que sólo uniéndonos podremos dar la vuelta a la dinámica bipartidista. Pues la cuestión real en las próximas elecciones municipales y autonómicas no va a ser la derrota del PP, que ya se ha producido en las europeas y que tendremos al alcance de la mano en las próximas elecciones. Sino que será quién tenga la hegemonía para sustituir al PP. Y a partir de la unión con PODEMOS tendremos al alcance no sólo dicha derrota, sino el “sorpasso†del que habló en su día Julio Anguita.



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