Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

Adolfo Suárez se va y el PCE regresa sin volver

Enric Juliana

La protesta del 22-M llena Madrid de banderas comunistas y el PCE muestra musculatura como animador de la jornada. El espacio a la izquierda del PSOE se agranda, pero IU no es su única expresión. La muerte anticipada del expresidente da pie a un largo obituario de la transición

La crónica de la muerte anunciada de Adolfo Suárez topó ayer en Madrid con las siglas del PCE, referencia inexcusable en la biografía del expresidente. El Partido Comunista de España reapareció como uno de los principales animadores de la Marcha de la Dignidad, multitudinaria manifestación de protesta por la situación que vive el país, convocatoria que congregó a decenas de miles de personas venidas de toda España con banderas republicanas, enseñas comunistas, pancartas contra la corrupción y consignas de protesta obrera. La concentración en la zona de Colón fue contundente.

Bajo un espléndido cielo azul, velazqueño al atardecer, en Madrid se produjo ayer un bucle. Un bucle histórico. En la televisión, la glosa de un hombre que ha muerto antes de morir: nostalgias de la transición, con relatos en almíbar. En la calle, siglas viejas y voces nuevas clamando contra el actual estado de las cosas. La calle Génova, donde se halla la sede del partido en el Gobierno, cerrada y blindada. Al anochecer, serios incidentes entre grupos de manifestantes y policías. Destrozos en Colón y Recoletos. 

La muerte anticipada de Suárez ha convertido este fin de semana en un gran obituario de la transición. Prensa, radio y televisión se han volcado en la biografía del hombre escogido por el Rey para desatascar el peligroso tapón que habían formado Carlos Arias Navarro y los sectores más intransigentes del franquismo, en el intento de imponer un franquismo sin Franco bajo el reinado de Juan Carlos I. 

En aquellos momentos, el Sur de Europa no estaba para bollos. Ahora, tampoco. En Portugal, dos años después de la revolución del 25 de abril de 1974, la fracción moderada del Movimiento de las Fuerzas Armadas comenzaba a imponerse a los militares que soñaban con un "poder popular" que enlazase los comités de fábricas y las asambleas en los cuarteles. El embajador de Estados Unidos en Lisboa, Frank Carlucci, maniobraba a favor de los socialistas de Mario Soares, después de haber frenado al secretario de Estado Henry Kissinger, dispuesto a un segundo Chile, si el gobierno quedaba en manos de los comunistas.

En Grecia, Konstantinos Karamanlis, tutelado por el gaullismo francés, intentaba pilotar una transición democrática muy controlada desde arriba, tras el hundimiento de la junta de los coroneles en el loco intento de anexionar la isla de Chipre. En Italia, la Democracia Cristiana, el Vaticano, la embajada de Estados Unidos, el Partido Comunista y los sindicatos jugaban una complicadísima partida de ajedrez, tiroteados por las Brigadas Rojas y un terrorismo neofascista conectado con las cloacas del Estado. En la Yugoslavia del mariscal Tito, bajo la aparente estabilidad de una autarquía socialista distanciada de Moscú, maduraban las tensiones y los odios que veinte años después ensangrentarían el mosaico balcánico. En la otra orilla, todo el norte de à frica era dictatorial: militares naseristas en Egipto, las túnicas del excéntrico coronel Gadafi en Libia, el régimen laico y afrancesado de Burguiba en Túnez, la férrea cúpula militar del FLN en Argelia, y Hasan II en Marruecos, astuto, semifeudal y atento a la agonía de Franco, para lanzarse sobre las arenas y los fosfatos del Sáhara. 

En el interior de este cuadro apareció Suárez. Y en este cuadro, el presidente transitivo forzó la legalización del Partido Comunista de España, previo compromiso de Santiago Carrillo de aceptar la bandera rojigualda y la monarquía parlamentaria. Carrillo, con la autoridad de los secretarios generales comunistas que vinieron del frío, puso el tema a votación del Comité Central ampliado: 169 votos a favor, ninguno en contra y once abstenciones. Aquel día, 15 de abril de 1977, empezó a quedar claro cuál sería el desarrollo de la transición. El PSOE, en la calle, contaba poco. El PSOE triunfaría en las urnas. En aquel tiempo, los socialistas españoles aún defendían el derecho de autodeterminación de las nacionalidades y en sus actos ondeaban banderas republicanas. Los límites de la política realmente existente los pactaban UCD y el PCE. El joven grupo dirigente sevillano esperaba debajo del árbol la caída de la fruta madura. Al final, cayó. El 28 de octubre de 1982 llenaron el capazo.

Todo esto es historia. Agua pasada. Suárez perdió la memoria en el 2003 como consecuencia del alzheimer y, cuando quedó confirmado que ya no recordaba nada, comenzó su proceso de santificación. El PCE también se perdió. Comenzó a desvanecerse tras la firma de los pactos de la Moncloa, inspirados en el acercamiento entre democristianos y comunistas italianos bajo el título de compromiso histórico. 

Los pactos de la Moncloa fueron forjados por UCD, PCE y Comisiones Obreras. El PSOE puso la firma y UGT ni siquiera compareció el día de la misma. En la ejecutiva del partido de Suárez llegó a discutirse la hipótesis de un gobierno de coalición con los comunistas para descolocar a Felipe González. La contención salarial provocó estragos entre los cuadros de CC.OO., acentuando el malestar de muchos militantes comunistas con los moderantismos de Carrillo. El eurocomunismo perdió esmalte. Nostalgias de la Unión Soviética y desazón social. El PSOE se llevó los votos prometiendo 800.000 puestos de trabajo y neutralidades atlánticas -"OTAN, de entrada no"- que duraron dos días. Carrillo acabó siendo expulsado del PCE por el altivo Julio Anguita, comunista cordobés, hijo de militar.

El PCE actual ha perdido -voluntariamente- la memoria de la transición. Abjura de los tiempos pactados y sigue siendo el principal eje rotor de Izquierda Unida, coalición al alza en las encuestas. Los emblemas de IU y el PCE estuvieron ayer muy presentes en la manifestación de Madrid, flanqueados por movimientos sociales diversos. Se están abriendo nuevos espacios a la izquierda del PSOE, y no está claro que la Izquierda Unida pilotada por los comunistas clásicos vaya a ser su única traducción electoral.

Adolfo Suárez ha muerto antes de morir, el fin de semana se ha convertido en un gran obituario de la transición y el PCE vuelve sin volver.

http://www.lavanguardia.com/politic...



Compartir
Compartir/Guardar/añadir a favoritos

Portada del sitio | Contacto | Mapa del sitio | | Estadísticas de visitas | visitas: 291437

Seguir la vida del sitio es  Seguir la vida del sitio PARTICIPACIÒ  Seguir la vida del sitio Tribuna d’opiniò   ?    |    Los sitios sindicados OPML   ?

Sitio desarrollado con SPIP 2.1.2 + AHUNTSIC

Creative Commons License