Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

El valle de las tinieblas y la oscuridad en la bella sierra madrileña. Dolores Cabra (Secretaria General de AGE)

La cuestión del denominado Valle de los Caídos incluye al menos tres cuestiones diferentes.

En primer lugar el hecho de ser el lugar de enterramiento del dictador Franco y del fundador de la Falange Primo De Rivera, origina una polémica artificial.

En segundo lugar el hecho de ser el monumento clave del franquismo, unido a lo más miserable de la iglesia Católica española, lo convierten en algo despreciable para cualquier espíritu democrático.

Por último queda un aspecto estético, y este consiste en el destrozo de la imagen de casi la mitad de la sierra de Madrid, se vea desde donde se vea.

Respecto al primer punto, si la sociedad española quiere honrar mayoritariamente a los responsables de la más brutal dictadura que hemos soportado, nada habrá que decir. Pero si esta sociedad se muestra democrática, profundamente libre, desprecia la humillación, la esclavitud, en suma, el espíritu del fascismo, entréguense esos restos a los familiares con la condición de que sean enterrados en lugares privados donde no puedan recibir homenajes ni manifestaciones de exaltación del terrorismo fascista.

Respecto al segundo punto, el monumento debe ser eliminado, puramente eliminado. Dado que la inmensa cruz está en un estado de consunción material, desmóntese y recompóngase el bello paisaje de la sierra. Si la jerarquía corre con los gastos déjese la basílica católica, ya que conviene que en nuestro país haya verdadero respeto a todos los cultos, y que eso es parte de la decencia de una sociedad democrática, y exíjase a la jerarquía católica que asuma los costes de la vida diaria de esa comunidad ultra que la habita, pero suprímase la simbología que exalta el contenido más profundo del nacionalcatolicismo franquista.

Sáquense los restos de los combatientes que allí se encuentran y abrase un camposanto neutro, laico, en algún lugar cercano de esa sierra madrileña donde habite el sol y la luz. Ese lugar, ajeno a simbologías religiosas o patrioteras de cualquier signo, tal como se ha hecho en tantos campos de batalla de otros países, manténgase como lugar de respeto a quienes lucharon por sus ideas o por haber sido reclutados por ambos ejércitos, y sea por muchos años lugar de reencuentro con la memoria de aquella guerra que surgió del golpe de Estado militar de julio del 36 y la consecuentemente digna y obligada resistencia popular, y no de quienes a la larga resultaron simplemente sus vencedores.

Entréguense sus importantes archivos históricos a los Archivos Históricos y ábranse para la investigación de los horrores de la Dictadura

Y por último, recuérdese que la sierra de Madrid es un símbolo de aquella libertad de pensamiento de la Institución Libre de Enseñanza y sus Misiones Pedagógicas, aquella sierra en la que la enseñanza pública fue un campo de experimentación de libertad y tolerancia guiada por formidables pedagogos de la que se beneficiaron miles de niños,guardadores de la herencia republicana aún despues de la terrible guerra y la dictadura del terror.

Esa sierra de Madrid estará cercenada y herida mientras el edificio del horror del valle de las tinieblas y la oscuridad se asiente como una losa sobre su espacio de luz y belleza

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NÉMESIS

El Valle que se está cayendo. Juan Barceló

Justo pocos días antes de que se produjera el cambio de gobierno el Sr. Jáuregui antiguo ministro de la presidencia, dio a la luz pública el informe de la Comisión por él mismo creada sobre el Valle de los Caídos. Como todo lo que hace el Sr. Jáuregui, esta última broma, parece una jesuítica forma de liar las cosas y dar gato por liebre a la ciudadanía.

Encarga un informe a unos técnicos que se ven obligados, o incluso encantados, de partir de las premisas que defiende el Sr. Jáuregui, sin discutir su validez.

Así, se da por supuesto que la Transición es dignísima heredera de la dictadura, como él ha defendido vergonzantemente siempre, y que por tanto la legislación de la dictadura no es ilegal, sino que es algo que sólo requiere irse reformando lo más democráticamente posible desde las actuales instituciones. Evita que el tema central de la discusión de la memoria histórica se plantee. Sólo le vale partir de sus ilegítimas premisas, que a su vez parten de una cuestión fáctica consistente en que el actual sistema democrático se debe a la buena voluntad de los legisladores franquistas que decidieron en su día incorporar a la legislación fascista los elementos precisos para que el régimen político fuera de libertades públicas.

De esta manera, y tal como fue en la realidad, nunca hubo ruptura democrática sino suave transición de la dictadura sin dictador a la democracia sin pasado. Suave transición de casi cuatrocientos muertos a base de tiros, torturas, desapariciones, y puros crímenes de bandas fascistas mafiosas del sindicalismo vertical.

Así, el tema de la memoria histórica se ha ido dejando, oscureciendo, prolongando durante casi tanto tiempo como duró la Dictadura, sin resolverse, evitando cerrar heridas, procurando disimular, dar largas y dejar que el tiempo traiga dulcemente el olvido.

Han conseguido justo lo contrario de lo que se supone que pretendían, han conseguido que la herida siga sangrando, que los franquistas gobiernen con el gobierno o desde la oposición, que los muertos de la Dictadura sigan llamando a la puerta para ocupar el lugar que la historia les debe, y que el cobrador del frac de la historia se siente a las puertas de los grandes partidos a hacer notar a todos la enorme deuda pendiente que ellos quisieran ocultar y que cada vez se les nota más.

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