Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

IU no puede estar contenta. José Aguilar

RETÓRICA aparte, el debate de investidura de Susana Díaz no ha traído consigo ninguna concesión importante a Izquierda Unida, a la que tanto debe y tanto dice querer. Si se examinan bien el discurso y las réplicas de la ya presidenta, sus guiños a los socios de gobierno han sido más aparentes que reales. IU no tiene motivos para estar contenta y tranquila. Al menos no más motivos que con Griñán.

El gran guiño fue, sin duda, el referido a las medidas contra la corrupción política, destinado más bien a la sociedad confundida e indignada, pero que la coalición ha enarbolado como su bandera predilecta. Ya fue significativo que el portavoz de IU, José Antonio Castro -tal vez el mejor cómplice de Díaz en el periodo anterior-, le espetara desde la tribuna que prefiere los hechos a las palabras y le recordara el fiasco de la comisión parlamentaria sobre los ERE, esterilizada por la acción conjunta del PP y del propio PSOE.

Sigamos. La oposición a los recortes del Gobierno y el mantenimiento de las conquistas sociales son comunes a socialistas y poscomunistas, pero la exigencia de IU de crear una banca pública en Andalucía como poder financiero básico en manos de la Junta quedó reducida por Susana Díaz a un vago instituto de crédito andaluz destinado a financiar proyectos empresariales privados (por cierto, ¿a partir de qué caja de ahorros se crearía?). La exigencia de un banco de tierras públicas a entregar a cooperativas de jornaleros se quedó, en versión de la presidenta, en un Observatorio de Tierras, algo así como la nada con sifón. Y la exigencia de reformar la legislación electoral tampoco recibió respuesta. Ni a favor ni en contra. Ninguna.

Otra demanda de IU, quizás la más perentoria, era, y es, la implantación de un impuesto que gravaría a las grandes superficies comerciales y cuya recaudación iría destinada a mejorar el pequeño comercio. La respuesta de la presidenta Díaz no fue, en este caso, sucedánea ni elíptica, sino directamente contraria: no piensa aumentar la presión fiscal. No habrá nuevos impuestos, porque es necesario, como el comer, no seguir castigando las rentas familiares a fin de incentivar el ahorro (o sea, la inversión) y el consumo.

Los dirigentes de IU pueden abrazar todo lo que quieran a Susana Díaz y guiñar a la bancada socialista, pero contentos, lo que se dice contentos, no pueden estar. Salvo por seguir compartiendo el poder.

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