Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

XIX congreso del PCE: ¿Nueva Alianza de las Fuerzas del Trabajo y de la Cultura o reagrupación de los trabajadores?. Miguel Angel Peña

La República.es

Los comunistas solemos decir cuando realizamos nuestros debates congresuales que los hacemos abiertos a la sociedad. Es por ello por lo que me animo a escribir estas líneas sobre un concepto que aparece en los documentos congresuales, y que creo anacrónico y con el que estoy en desacuerdo; se trata de la llamada “redefinición de la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura†(a la que el documento congresual se refieren como AFTC (página 35 de los documentos). Ojalá hubiera un debate más profundo sobre esta cuestión (y otras) que no se resolviesen con una simple votación mecánica “enmienda versus texto†. Por ello escribo este artículo.

Los documentos congresuales se retrotraen a la formulación realizada por el Comité Ejecutivo del PCE en 1967, hace más de cuarenta y cinco años, señalando que “pretendía definir un nuevo marco de alianzas superador de la tradicional obrero-campesina, con la incorporación de los trabajadores de la cultura a la misma†. Plantea la nueva AFTC como “la fuerza motriz de la lucha antineoliberal formada entre la clase obrera tradicional, el nuevo asalariado urbano y los/as técnicos/as y profesionales asalariados/as†. Muy brevemente -el texto congresual es un resumen del documento surgido de la Conferencia Política de hace un año- establece la contradicción existente entre los intereses de estos sectores con los intereses de la oligarquía española.

En el documento de la Conferencia Política de 2012 sí se es más extenso. Situando los cambios de la últimas décadas en “la fuerte disminución del campesinado, la reducción del papel central de la clase obrera industrial, el considerable crecimiento del trabajador/a del sector servicios debido al desarrollo del turismo, los transportes , las comunicaciones y las administraciones públicas, así como el creciente aumento de la inmigración (…) desde el punto de vista de los derechos, la irrupción de la precariedad laboral en estos sectores (…) es el elemento más importante por lo que supone de precariedad y pérdida de identidad†(pág. 110). Señala también el documento la existencia, junto a los cambios en la clase obrera tradicional, de otros sectores vinculados al sector servicios privado y de las nuevas tecnologías. Dice el texto “Dentro de estas transformaciones económicas y productivas surgidas de la internacionalización del capital español de estas últimas décadas, y se desarrolla y se expande la presencia de un sector de la clase trabajadora, que determinó en su momento la formulación de la AFTC; nos referimos a los técnicos/as y profesionales asalariados/as, aquellos/as que realizan un trabajo no manual y no administrativo†(pág. 111). Se señala, que junto a la alianza con sectores las PYMEs, de los autónomos, el PCE entiende que la reconstrucción de la unidad de la clase trabajadora y la nueva AFTC, constituyen el “elemento central de la configuración de un bloque social†que impulse los cambios en España.

El análisis en sí no es erróneo, lo que es inapropiado y confuso es el reciclaje del concepto AFTC. ¿Por qué se habla separadamente de reconstrucción de la unidad de la clase trabajadora y la nueva AFTC? No queda muy claro -con esta formulación- si esos sectores a los que dirige la AFTC son clase trabajadora o no, aunque sí se reconoce que sean asalariados.

Pero vayamos al origen del concepto. Hace cuarenta y un años, en el VIII Congreso del PCE, el primero desde el Comité Ejecutivo que formula el concepto en 1967, el análisis que Santiago Carrillo ofrece en su ponencia es que al calor de las luchas obreras están surgiendo entre estudiantes y profesores universitarios, médicos, ingenieros, abogados, incluso funcionarios un rechazo al régimen para afirmar que “son los estudiantes quienes han conseguido abrir brechas en el pensamiento político conservador de las capas sociales de que en mayoría provienen. Estas capas, predominantemente de clases medias, que aceptaban el régimen, o cuanto menos se resignaban, ha comenzado a interrogarse; ha conocido la brutalidad policíaca en sus propias familiasâ€

Creo que la letra negrita es donde está la clave de por qué no se puede hablar de “redefinición†de un concepto de hace cuarenta años. Como bien dice Carrillo, cuatro décadas atrás, esos universitarios, médicos, ingenieros, abogados, funcionarios eran clase media. Es decir, con recursos económicos suficientes para soportar el acceso de sus hijos a unos estudios universitarios, sectores afines al régimen que chocaban políticamente con el régimen en ese momento. ¿Cuántos jóvenes de clase obrera de los años sesenta y setenta llegaron a pisar la universidad? Los había, sí. Pero eran una minoría, y las universidades, y los licenciados por estas, eran de origen de clase media o burguesa, y lo seguirían siendo después. No había desclasamiento.

Por lo tanto, la AFTC carrillista era una alianza interclasista entre los obreros y campesinos con esas clases medias que habían entrado en contradicción con la dictadura.

¿Ese concepto interclasista es válido hoy? ¿Los universitarios nacidos desde la Transición somos de clase media? Ni por la entrada (u origen) ni por la salida (o ascenso social).

Parafrasenado humildemente a la cita de Pepe Díaz que encabeza el artículo; Me llamo Miguel à ngel Peña Muñoz, Nací en 1975. Mi padre obrero mecánico. Mi madre obrera (limpieza, campo, hostelería). Origen obrero.

Pertenezco a la generación en la que los hijos de los obreros con callos en las manos llegamos a la universidad. Es verdad que el fracaso escolar, tan relacionado con el nivel social, ha hecho que muchos de mis compañeros de colegio e instituto no llegasen a la universidad (o a culminar los estudios en ella), pero somos muchos los que sí llegamos. Muchos hijos de trabajadores que hoy tenemos “un papelito†que dice que somos licenciados, diplomados, ingenieros. Por lo tanto, no somos en nuestra entrada a la universidad, por nuestro origen, otra cosa distinta a nuestros padres obreros que soportaban el esfuerzo económico de los estudios, cuando no lo hacía el propio estudiante con trabajillos.

¿Pero en la salida? ¿Acaso “el papelito†universitario nos ha garantizado un ascenso social, ni siquiera un empleo en lo “nuestro†? ¿Acaso no hay licenciados trabajando en el comercio y en la hostelería? ¿Acaso no son los mismos universitarios los que se han visto afectados por la misma precariedad que el nuevo asalariado urbano? Incluso en el caso de los que sí trabajamos en “lo nuestro†¿No nos vemos afectados por los mismo problemas que el resto de los trabajadores -más allá de las condiciones laborales-?

Conozco casos de profesores de enseñanza interinos que después de trabajar en la docencia han tenido (gracias a “los ajustes†) que pasar al paro y a “buscarse las habichuelas†en la empresa privada ¿Qué son estas personas Fuerza de la Cultura o Fuerza del Trabajo?

Conozco licenciados que han trabajado en grandes almacenes o grandes superficies y después han logrado tener plaza en la enseñanza pública ¿Son Fuerza de la Cultura o del Trabajo? Conozco matrimonios en los que uno es funcionario y el otro trabaja en un taller mecánico ¿Cual es su extracción social tiene esa familia? ¿Son de clases distintas? Mi propio caso, funcionario docente que comparte ajuste e hipoteca con una parada de la empresa privada ¿Es mi matrimonio una AFTC?

La AFTC de 1972 (o 1967) se formuló como alianza interclasista ante un proceso político que era la lucha contra el fascismo. Hoy estamos ante otra situación.

El propio documento congresual, y el de la conferencia política, incluye a esos sectores profesionales y técnicos dentro de la clase trabajadora, de hecho remarca el carácter de asalariados. Por lo tanto, no estamos ante una necesidad de una alianza interclasista con las clases medias que es lo que proponía el VIII Congreso en 1972 con el concepto de AFTC. No. estamos ante la necesidad un reagrupamiento o “reconstrucción de la unidad de la clase trabajadora†(o de “la mayoría social asalariada†), formulaciones contenidas por los documentos congresuales o de la Conferencia Política. No estamos ante una alianza de dos grupos sociales sino del reagrupamiento de distintos sectores de una sola clase.

No vale pues un concepto antiguo, producto de una configuración de clases distinta a la actual. No estamos ante una convergencia de clases medias con los obreros de callos en la manos. Lo que ha ocurrido es que los hijos de esos trabajadores hemos alcanzado de forma masiva una formación antes no accesible, y el capitalismo nos utiliza como fuerza de trabajo cualificada. No estamos ante un ascenso social sino ante la devaluación social del “papelito†universitario; ante la precarización de una fuerza de trabajo formada universitariamente a la que se le saca la plusvalía, igual que a sus progenitores.

No vale un concepto antiguo, cuyo contenido era otro al que hoy se manifiesta en los documentos, producto de otra época hoy tal vez debiéramos plantearnos cómo formular la reunificación de los distintos sectores de la clase trabajadora.

http://www.larepublica.es/2013/09/x...



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