Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

Todos los frentes, el Frente (popular). Hugo Martínez Abarca

En los últimos años ha habido múltiples iniciativas para la confluencia social y política de quienes responden al saqueo. Quizás la primera cronológicamente fueran las Mesas de Convergencia (previas incluso al 15M) y después ha habido tantas propuestas en una dirección parecida que casi habría que empezar por intentar la confluencia de propuestas de confluencia. Si bien aquellas primeras toparon siempre con recelos de quienes siempre ven padrinos y manos negras tras cada propuesta honesta, hoy ya es un lugar común muy transversal a quienes nos oponemos a la sumisión ante la troika que hay que dar la batalla en todos los frentes: incluso en los juzgados está dando la batalla desde la querella de Bankia presentada por 15MpaRato y que logró la más rápida microfinanciación (que ha llevado a declarar a los inocables presidentes de los mayores bancos de España) que se conoce en este país hasta la querella por el caso Bárcenas presentada por IU (que llevará esta semana a declarar a los principales constructores del país, acusados de haber financiado al PP ilegalmente a cambio de que éste les diera licencias para carísimas e innecesarias infraestructuras pagadas con el saqueo de las arcas públicas).

Existe por primera vez una idea muy generalizada de que todo frente de oposición al saqueo es poco: que la calle es imprescindible pero no es suficiente, que sentar a los saqueadores en los tribunales es imprescindible pero no será suficiente (ni fácil), que la batalla comunicativa es fundamental pero que no basta y finalmente ya está muy generalizado el acuerdo según el cual las instituciones no son un instrumento suficiente para cambiar el país, pero sí es una batalla sin cuya victoria las cosas seguirán igual o se radicalizarán a peor. Un instrumento fundamental del saqueo ha sido la cooptación de élites políticas que pusieron (ponen) el Estado al servicio de banqueros y constructores, así que una parte necesaria de la solución será su destitución mediante un proceso democrático que haga del Estado un instrumento popular de defensa del poder político. El rescate de la Política (secuestrada por una oligarquía) por el pueblo.

Hace unas semanas publicaba un artículo fundamental Agustín Moreno en cuartopoder.es en el que reclamaba usar las elecciones europeas de 2014 como una oportunidad similar a otros momentos históricos como las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 que se convirtieron, y así lo entendió todo el mundo (hasta el rey Alfonso XIII) en un plebiscito sobre la continuidad de un régimen en descomposición o la construcción de una alternativa, la República, más allá de, también, quién gobernara cada municipio. Las elecciones europeas son un instrumento perfecto para iniciar la andadura de una alternativa democrática a la descomposición institucional y social: son las primeras elecciones del ciclo que llevará a municipales, autonómicas y generales, son en circunscripción única, y la devaluación del Parlamento europeo tiene como contrapartida que han sido elecciones tradicionalmente usadas para lanzar un mensaje más Político que de mera gestión, algo idóneo para un planteamiento de respuesta al desmoronamiento también político del régimen de 1978.

No sólo está habiendo encuentros (de los que se ha dado cuenta en distintos medios) entre activistas sociales y políticos de muy distintas procedencias bajo la reflexión común de que es necesario esa suma de esfuerzos para terminar con el saqueo. Además, ayer, 25 de mayo, el Consejo Político Federal de Izquierda Unida aprobó sin ningún voto en contra, lanzar una propuesta (no una hoja de ruta indiscutible sino una propuesta a discutir con mutuo respeto y, sobre todo, con generosidad y lealtad hacia nuestros pueblos) para articular de alguna forma un gran bloque social y político de respuesta al saqueo en el que se incluyera, también, una gran participación en la construcción de un gran programa de respuesta al saqueo y, fruto de ello, la construcción colectiva de una candidatura a las citadas elecciones europeas que sean el reflejo de este proceso amplio, democrático, abierto, participativo y popular. Es, probablemente, la decisión más audaz e importante que haya tomado Izquierda Unida en los últimos tiempos y debería entenderse en su literalidad: no es ningún intento de tomar los movimientos sino de, junto con los movimientos (de los que la gente de Izquierda Unida, además, formamos parte), partidos y todo lo que se mueva frente al saqueo construir una alternativa constituyente necesariamente plural y participativa.

Para que tal proceso sea todo lo ambicioso que la Historia nos reclama, las líneas rojas para la confluencia deben ser muy poquitas pero muy contundentes. Quizás la nuclear en lo económico deba ser el impago de la deuda ilegítima y la negociación del resto de la deuda. Esa propuesta (de amplia aceptación popular y que es el mero ejercicio del Derecho Internacional) puede ser el elemento aglutinador siendo conscientes de que sin tal medida estamos condenados a una crisis perpetua y que a la vez esa medida es absolutamente indigerible por nuestro actual marco institucional español (de forma explícita tras la reforma del artículo 135 de la Constitución de la Transición). Es una medida imprescindible y a la vez es una medida constituyente. Es una medida económica pero de evidentes consecuencias políticas e institucionales.

No hay muchos ejemplos de países en los que se haya conseguido articular una alternativa al saqueo neoliberal y la crisis de deuda a través de las urnas y que haya conseguido resistir a los golpes de Estado. Los más notables están hoy en América Latina: Venezuela, Bolivia y Ecuador son los casos paradigmáticos. No existen modelos, pero sí debemos tener capacidad de aprendizaje de quienes han hecho las cosas con buenos resultados. En los tres casos hubo un gran movimiento que contó con organizaciones preexistentes (que tuvieron la necesaria lucidez política) y se presentaba a las elecciones antes de gobernar con tres ejes de programa electoral: recuperación de la soberanía para hacer políticas económicas, proceso constituyente y ruptura con la oligarquía partitocrática a la que se enfrentaban. Esos fueron los ejes de confluencia y victoria electoral del programa de gobierno con el que el Movimiento V República llevó a Chávez a la presidencia de Venezuela (empezando por una revolución democrática en el marco de una asamblea constituyente), los del programa del Movimiento Al Socialismo de Evo Morales (que incluía incluso un único anexo que era el Proyecto de Ley de la Convocatoria de la Asamblea Constituyente) y el programa de la Alianza PAà S de Rafael Correa en cuyo primer apartado (“El País que soñamos†) explicaba que “los que tenemos el corazón joven y una actitud generosa proponemos una Revolución Ciudadana [énfasis en el original] para hacer los cambios radicales que requiere nuestro país y que soñaron nuestros próceres y patriotas. Con la participación ciudadana, especialmente de los y las jóvenes y sus familias, haremos un gran acuerdo nacional para construir oportunidades para todas y todos, donde prime el interés común sobre el particular, y donde los ciudadanos y las ciudadanas tengan garantizados sus derechos a una buena vida, a ser parte activa de la sociedad y de las decisiones que nos afectan, a una sociedad equitativa y solidaria, donde la honradez y las manos limpias sean la base de la nueva democracia†.

Son tiempos de excepción, pero no de excepción insólita. No hay que inventar nada sino aprender de la historia, de nuestros referentes y clásicos para encontrar colectivamente y desde abajo una respuesta al desmoronamiento del régimen del saqueo. Compartamos frentes para, juntos, dar la batalla en todos los frentes.

Hugo Martínez Abarca es miembro del Consejo Político Federal de Izquierda Unida y autor del blog Quien mucho abarca.

http://www.cuartopoder.es/tribuna/t...



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