Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

La espuma del #23F

El sábado por la noche, cuando volvía a casa después de la manifestación de la “Marea Ciudadana†, me encontré en el metro con el cartel de la película Hansel y Gretel: Cazadores de Brujas. El cartel venía acompañado de un lema que decía “Déjate de Cuentos. Comienza la Caza†. De un tiempo a esta parte el mainstream insiste en oscurecer los relatos infantiles (y quizás devolverles una parte de su punto de partida original) después de años de idealismo.

En torno a 2001 ese oscurecimiento tenía que ver con la “guerra contra el terror†y con “el tono del mundo†y la “guerra de civilizaciones†, pero Hansel y Gretel remite a algo mucho más material y cercano en los cuentos y en la vida: a ganarse las habichuelas, al barro y la mierda. A la crisis.

Me pregunté inmediatamente si la manifestación del #23F había sido “cuento†o “caza†.

LA ESPUMA DE LA MAREA

La Marea Ciudadana puso sobre la mesa toda la potencia y todos los límites de la fase en la que nos movemos. ¿Acaso es para quejarse una movilización de cientos de miles de personas autoconvocadas, alegres, desafiando un estado de sitio (otro) con inteligencia y paciencia? ¿Acaso no es la prueba de la magnífica capacidad de organización, de la confianza en cualquiera, de la protección mutua, que el movimiento ha demostrado?

¿No es maravilloso que por primera vez una movilización absolutamente masiva contra la austeridad y los recortes no estuviera protagonizada por los sindicatos? ¿No tuviera un autor claro? ¿Fuera una obra colectiva?

Por supuesto que lo es. Olvidar eso es despotenciar la situación. Es creer que lo extraordinario es banal, rutinario, como bien explican en “Al Final de la Asamblea†.

Reconocer todo eso nos invita entonces a identificar los límites a partir de ahí, a partir de la potencia, sin juzgarla. Porque el límite más gordo, el más evidente, no tiene que ver con la potencia de la movilización, sino con la situación democrática en la que vivimos.

Hoy el gobierno no ha modificado ni un milímetro su posición. Ni hablar de dimisiones, ni hablar de rectificación de ningún tipo. La política “zombie†sigue siendo la respuesta a la política del común. El problema excede al gobierno Rajoy. En este contexto Rubalcaba se las ha arreglado para perder el debate del estado de la nación más fácil de la historia. UPyD demuestra cada día que su opción regeneradora no es más que el maquillaje de la derecha liberal neocon que promete transparencia porque no sabe cómo prometer derechos. El caso de Izquierda Unida es igualmente grave. Mientras sus bases se dejan la piel parando desahucios, organizando movilizaciones etc., su estructura y sus líderes siguen hablando de responsabilidad institucional en Andalucía o siendo un “pepito grillo†de opinión pública que no es capaz de desarrollar esa misma desobediencia que sus bases ponen en marcha por abajo en el campo institucional.

El ejemplo perfecto de la respuesta del gobierno a las masivas movilizaciones son las cuarenta personas detenidas durante la movilización. Un nivel de represión mayor que el de la Huelga General o el “Rodea el Congreso†.

Ese es el problema hoy. El problema es cómo hacemos para que esa evidente potencia gane. Porque si no gana, si no ganamos, estaremos en un abismo económico, social y político.

MITOS Y PREGUNTAS

Ante el problema de ese límite se ponen en funcionamiento una serie de mitos que tienen todos un lado bueno y un lado malo.

EL MITO DE LA UNIDAD: La propia Marea se convocaba bajo el paraguas de ese mito que se resume en “si estamos todos/as, el gobierno tendrá que rendirse†. La parte buena es evidente, permite disolver las particularidades y abrir un espacio plano en el que cientos de miles de personas pueden participar. La parte mala es que parte de una cierta confianza en las instancias de gobierno y en que tienen algún sentido de la responsabilidad. Es decir, que un ejercicio de opinión pública es suficiente.

EL MITO DE LA REPRESENTACIÓN: Ese mito dice que en la medida en que el gobierno no escucha se trata de encontrar en el campo de la representación a alguien que sí lo haga y votarle. La parte buena es que aborda la cuestión de la victoria a partir de un determinado dispositivo (el voto) que reúne un consenso mayoritario y que es, por tanto, factible. Las partes malas son múltiples y variadas. La principal es que no existe ningún agente en el campo de la representación que pueda representarlo. Bien porque forma parte del conglomerado de la política zombie, o bien porque su identidad es tan cerrada que espanta a la pluralidad que se convoca en las plazas.

EL MITO DE LA INSURRECCIÓN: Ese mito dice que en la medida en que el hartazgo social y la indiferencia política sigan adelante, en la medida en que las condiciones de vida se hagan más duras, se darán mejores condiciones para una insurrección por abajo que avance en terminos de conflicto y acabe con el gobierno. La parte buena de este mito es que reconoce que no es suficiente con lo que estamos haciendo y que hay que ser capaces de aumentar la presión. La mala es que suele proponer formas de hacerlo participables por muy poca gente.

EL MITO DE LA AUTONOMà A: Ese mito dice que no debemos preocuparnos de lo que el poder nos hace y sí centrarnos en nuestros propios procesos, nuestras redes de subsistencia etc. Lo bueno de ese mito es que, efectivamente, necesitamos recomponer desde abajo todo lo que nos están quitando. Lo malo es que esos procesos tienden al ensimismamiento y carecen de recursos, precisamente porque el poder sigue operando contra esas redes.

QUE CIRCULE LA PREGUNTA

Al principio del texto decía que me había quedando pensando si la movilización había sido “caza†o “cuento†. He decidido no responder esa pregunta. El poder nos obliga sistemáticamente a elegir entre A y B, o entre A, B y C. Siempre opciones preexistentes, siempre definidas por otros en vez de partir de lo que ya tenemos y definirlo en nuestros términos.

Elijamos todo: fue caza y cuento. U otras cosas: fue caza, cuento, desafío y límite.

Reconozcamos que necesitamos estar juntos y juntas, que tenemos que pensar mecanismos concretos para desalojar del poder a quien nos expropia la vida, reconozcamos que tendremos que hacerlo con herramientas muy abiertas, muy participadas y participables, reconozcamos que tendremos que ser capaces de aumentar el nivel de conflicto y ponerles en problemas, pero manteniendo la masividad y el nivel de consenso. Reconozcamos que en ausencia de una opción construida entre todo el mundo, el Parlamento se reconfigurará con lo que ya hay, lo ya conocido, lo que nos ha traído hasta aquí.

Reconozcamos que sin nuestras propias instituciones y nuestra propia autonomía será casi imposible avanzar en ese camino.

Todo el mundo es necesario. Todos los mitos pueden construir herramientas y relacionarse unas con otras. Más que respuestas, quizás se trata de poner de nuevo la pregunta en circulación y decidir en común ¿cómo ganamos?

Y adelante con los faroles.

http://madrilonia.org/2013/02/la-es...



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