Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

Luchar contra la corrupción es luchar contra el capitalismo David G. Marcos

La lucha contra la corrupción es un conflicto que consigue aglutinar a una mayoría social cercana a ése 99% que retóricamente solemos utilizar para referirnos a las personas que sufrimos la crisis día a día. Se trata de una cuestión que expande líquidamente entre la ciudadanía una desafección a los mecanismos de gestión actuales. En un contexto de socialización de miseria como el actual, ésta desafección puede desembocar en un sentimiento de hartazgo generalizado que contribuya, contundentemente, al proceso de minado y deslegitimación del gobierno de turno, el gobierno de Rajoy. No obstante, en este frente de combate contra la corrupción conviven múltiples discursos que ponen el acento en muy diferentes cuestiones. Mientras el PSOE no se atreve a gritar demasiado alto por si a alguien se le ocurre enchufar el ventilador y la mierda termina por salpicarle a los ojos; un extendido y deficitario discurso señala estos casos de corrupción como la causa prima de la situación actual. ‘Si los chorizos que no han parado de llenarse los bolsillos a nuestra costa devolvieran todo ese dinero y dejaran de viajar en coches oficiales, saldríamos de la crisis mañana mismo’. De acuerdo, y pasado mañana estaríamos igual o peor. Ya podemos poner en marcha las leyes anticorrupción que nos dé la gana, establecer nuevos órganos de control a los controladores; que no conseguiremos acabar con esta lacra.

La corrupción es dueña de este mundo. Y no es por casualidad. La corrupción es, a la vez, causa y efecto del sistema. Por un lado, los casos de corrupción como el de Bárcenas son una de las consecuencias más aberrantes del funcionamiento propio del capitalismo. Por eso, nuestro discurso debe profundizar en la búsqueda de culpables, si no queremos estancarnos en palabras huecas que sólo sirvan para desahogar nuestra frustración. Por otro lado, el capitalismo es el mayor caso de corrupción al que podemos asistir, pues la base misma de la producción capitalista se apoya sobre la apropiación de la plusvalía por parte del empresario. En otras palabras, si una persona trabajadora fabrica siete bolígrafos y el empresario no fabrica ninguno pero ambos cobran (probablemente el empresario mucho más que la trabajadora), alguien está robando a alguien, y no quiero señalar. Pues bien, el capitalismo está asentado sobre un funcionamiento de tales características. Esta crisis es fruto y reflejo de la corrupción del capitalismo.

Por eso el fenómeno de la corrupción se nos presenta continuamente como una práctica muy difícil de delimitar, algo difuso que posee ligazón directa con la ‘poca consideración de algunos gobernantes’. Sin embargo, la corrupción es consustancial a la práctica capitalista. Es de éste fenómeno, el pillaje de guante blanco, del que se vale el sistema para obtener los recursos necesarios para perpetuar su dominación sobre las personas. Pero estas personas, las precarias, las paradas, las amas de casa, las estudiantes, las inmigrantes, las jubiladas, comienzan a distinguir entre un leve olor a sudor y el putrefacto hedor a muerto viviente. El régimen chorrea legitimidad por cada uno de sus costados y la decadencia del sistema pone de manifiesto unas enormes contradicciones que no cesan de tensar la cuerda. Ya va siendo hora de que los recortes lleguen a las altas cunas y esa cuerda se rompa y desemboque en el estallido social necesario para romper con el ‘gran circo de los invisibles’.

@DavidGMarcos http://fragmentosdescreidos.wordpre...



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