Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

¡¡ Exijamos Democracia !!. Juanjo Llorente

Desde las recientes revelaciones en prensa sobre las actuaciones delictivas de Bárcenas y de otros altos cargos del partido en el gobierno del Estado y muchas administraciones públicas, vivimos una situación innegable de excepción democrática, rayana en el colapso. Situación que exige de las fuerzas democráticas, políticas y sociales, claridad de juicio y conducta pero, sobre todo, una máxima consecuencia y coherencia. Porque los hechos presentados a la opinión pública indican que no sólo se trata de meros episodios de corrupción de determinadas personas cuando ejercieron como representantes públicos, sino de todo un entramado de financiación ilegal y de actividades delictivas (evasión fiscal, prácticas mafiosas, cohecho, fraude…) también detectado en anteriores episodios de ciertos cargos públicos e institucionales, como los casos de Naseiro, Brugal o Gurtel (la lista es amplísima) y que han permanecido impunes mayormente, lo que a su vez ilustra sobre la verdadera naturaleza del actual régimen político, heredado y heredero de la dictadura fascista de Franco.

Dice Antonio Romero (“Todas las corrupciones tienen terminales en los paraísos fiscales†), y no se equivoca, que Bárcenas, en su calidad de máximo dirigente del PP al tiempo que senador del reino hizo fraude, operó con dinero negro, utilizó sociedades tapadera en los paraísos fiscales y en Suiza, lo que constituyen delitos gravísimos y desde el punto de vista ético y político una deslealtad y una traición a España y a los intereses generales. Pero no podemos olvidar que todos estos comportamientos fueron posibles, como en otros casos de dirigentes políticos o miembros de la familia real, precisamente por haber ostentado dichos cargos, lo que revela la existencia de un problema mucho mayor que las meras responsabilidades penales individuales. De modo que lo que ahora y nuevamente acaba de mostrarnos el caso Bárcenas es que estamos ante una corrupción estructural, ante un problema de estado con mayúsculas.

Seguramente por ello es por lo que venimos sufriendo los clamorosos silencios que se están produciendo a propósito de Bárcenas, comenzando por el del Jefe del estado puesto por el dictador para sucederle, y continuando por las torpes evasivas lanzadas por el actual presidente del Gobierno y por la cúpula del PP. Pero nunca olvidemos que, aunque por una vez la exigencia ciudadana de justicia y sanción llegara a buen puerto (sin dejar ningún nuevo Garzón en la cuneta), seguirían pendientes de respuesta cosas quizás más graves aún, como son el carácter real que tiene este régimen político de monarquía parlamentaria, cada vez más represivo y antidemocrático, como condición imprescindible para optimizar la explotación y el expolio al que estamos sometidos los trabajadores y los pueblos de España.

En calidad de militantes políticos y sociales que luchamos por una sociedad mejor, republicana, socialista y por tanto más democrática, quizá también debamos comenzar por preguntar a nuestros dirigentes si no ha llegado ya el momento de una ruptura democrática, imprescindible para acercarnos a tales objetivos, sólo posibles mediante la UNIDAD social y política de los trabajadores y sus organizaciones de clase.



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