Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

Izquierda y democracia real

Juanjo Llorente. Concejal EU Aldaia

Desde hace meses, miles de personas desfilando en las calles, cientos acampadas o tomando plazas y barrios de muchas urbes españolas han configurado lo que llamamos el 15 M, un movimiento de masas capaz de aglutinar en torno a reivindicaciones concretas la lucha de muchos jóvenes y trabajadores por una sociedad mejor o alternativa.

Poco antes de las elecciones del 22 de mayo, Julio Anguita planteó dentro de IU que los y las “indignados†del 15 M “son de los nuestros†. Pero también habría que añadir que, por nuestra parte, en tanto militantes de partidos y sindicatos de la izquierda de toda la vida, sigue faltando el compromiso de trasladar al interior de nuestras propias organizaciones de militancia el mismo pulso que anima al 15 M y que ya se ha convertido en un clamor social: queremos una democracia real y transparente en todos los ámbitos, incluyendo la sustitución de los cheques en blanco que firmamos cada vez que votamos para elegir a unos u otros representantes por fórmulas de democracia directa y participativa.

El que amplios sectores de población empiecen a ejercer sin mediaciones como sujeto político, plantea una clara disyuntiva a los partidos y sindicatos de la izquierda institucional, especialmente a sus direcciones: mantenerse manteniendo este sistema de representación política y social que genera las cotas crecientes de desafección ciudadana, de indignación y de malestar sociales que padecemos, o bien embarcarse con todas las consecuencias en un proceso de cambio interno y externo, basado en la regeneración y profundización democráticas de la propia organización y de la vida política y económica de nuestra sociedad.

Dice el marxismo que en los períodos históricos de cambio, para hacerlo posible, siempre surgen nuevas formas de organización y de incidencia social de los trabajadores y sectores populares. En nuestro pasado reciente, tenemos el ejemplo de las comisiones obreras forjadas bajo el franquismo. Hoy, las asambleas populares de ciudadanos de cada población o barrio que impulsan el 15 M muestran seguramente el camino a seguir. Porque las movilizaciones impulsadas contra la ofensiva neoliberal en curso por una pluralidad de sujetos políticos y sociales han abierto un nuevo escenario que pone de relieve la importancia para la izquierda transformadora de la organización y de las nuevas formas de “hacer política†desde la base, además del programa necesario para cambiar la sociedad.

Las pasadas elecciones volvieron a mostrar la falta de un referente político en el que los trabajadores y sectores populares se reconozcan y que puedan instrumentar para defender sus intereses. Y es que no se puede formar parte del problema y de la solución al mismo tiempo, y la opinión pública sigue considerando uno de los principales problemas a los partidos y políticos institucionales.

Quizás la principal lección del 15 M es que la fortaleza de este movimiento no depende tanto de la radicalidad de las reivindicaciones planteadas, como de la movilización y sobre todo de la INDEPENDENCIA mostrada frente a las actuales instituciones políticas. Democracia real equivale a poder del pueblo, ejercido por si mismo con las menores delegaciones y obstáculos.



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