Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

¿Pero quién manda aquí? Rafael Silva

Ah, pero, ¿aún tenemos dudas? Vivimos la era más agresiva del capitalismo financiero, donde los grandes amos del mundo están representados por los dueños del gran capital. Vivimos en una democracia falsaria, en una ilusión de democracia, donde al pueblo se le consulta únicamente de manera formal, incluso se le presiona a la hora del voto, para después olvidarse completamente de su elección, y mucho más del programa electoral con el que los votados se presentaron a las Elecciones. No es un caso aislado de España, está ocurriendo cada vez en más países europeos. Incluso donde aparentemente no ocurre, como en Alemania, las fuerzas políticas gobernantes son meros títeres en manos de los grandes poderes económicos.

Este es el panorama. Las democracias europeas se desmantelan a pasos agigantados, caminando sin prisa pero sin pausa según las directrices marcadas desde los Tratados fundacionales de la Unión Europea. El auténtico poder no reside en el pueblo, ni siquiera en los Gobiernos legalmente constituídos, sino que reside en lo que se han dado en llamar las "Instituciones independientes", tales como el FMI, el BCE, etc. Además dicho tipo de "autoridades" tienden a ir creciendo en número y en funcionalidad, baste recordar la supuesta "Autoridad Fiscal" que existirá en España a partir de 2013, contemplada ya en los PGE, o bien la "Autoridad Supervisora Bancaria" que existirá en la UE a partir de 2014. Caminamos en esa dirección. Y es tal el grado de perversión en las declaraciones y manipulaciones que se hacen a la opinión pública que encima nos lo venden como algo bueno, como cosas buenas y necesarias para nuestra vida diaria.

Pero lo cierto es que este capitalismo neoliberal nunca se ha llevado bien con la democracia. Los conglomerados empresariales, los grandes holdings multinacionales, las empresas de los grandes sectores productivos, rebasan las fronteras de los países, y se convierten en auténticos entes monstruosos, en organizaciones con un inmenso poder e influencia en todas las vertientes, dictando a los propios Gobiernos soberanos la política que hay que hacer, siempre en beneficio de sus propios intereses. Si a ello le unimos el chantaje de los mercados, el de la prima de riesgo, el de la deslocalización, el de la reforma laboral, el de las pensiones, el de la privatización de los servicios públicos, etc., el escenario es completamente desolador. Mientras los bancos se convierten en depredadores del capital financiero, jugando a su particular casino, los recursos públicos de los países se han de dedicar a pagar las deudas que ellos mismos han dejado mediante sus prácticas mafiosas y fraudulentas.

El poder financiero llega a ser inmenso, y nuestro país es además pionero y alumno aventajado de dicha situación. El ratio de sucursales bancarias por población es superado en España, estando por delante de Alemania, Francia, Italia, y todos los demás países europeos. Para una población que se acerca a los 47 millones de habitantes, tenemos más de 40.000 sucursales bancarias repartidas por todo el territorio nacional. En casos como el de Emilio Botín, que acaba además de engullir al antiguo Banesto, el grado de poder efectivo y de influencia mediática es tan impresionante, que nos costaría hacernos una idea real del mismo. El auténtico poder del dinero y de la Banca privada es tal que se ríe continuamente de los otros "poderes" que fingen serlo de cara a la ciudadanía. Además el negocio bancario se ha venido desnaturalizando como tal, y en torno al negocio del mismo se han ido tejiendo una serie de estafas legales, vistas como naturales, consentidas y fomentadas, realmente impresionante. El dinero bancario multiplica al dinero real, al dinero legal. La riqueza virtual acumulada por las entidades financieras equivale a varias veces el PIB de sus propios países, multiplica a su riqueza nacional. Y ese negocio bancario se proyecta en un grado de poder político capaz de nublar la capacidad de influencia de los más altos dirigentes.

El ejemplo más paradigmático de lo que decimos lo tenemos en la deuda pública de los Estados, todo un chantaje social y político al que nos tienen sometidos, a toda la población, al que sin ir más lejos, dedicaremos más de 38.000 millones de euros para pagar sus intereses en el PGE para el año próximo. Una suerte de esclavitud social consentida por nuestros indignos Gobiernos, que acuden al rescate bancario, a su salvación, a su perdurabilidad y a su estabilidad, antes que al de la propia población. Una perversión política y social sin límites, frente a la que sólo luchan algunas arriesgadas y valientes ONG’s, tales como ATTAC, CADTM, etc. Y por si todo ello fuera poco, la construcción de ese "casino financiero" en que han convertido algunos Derechos Fundamentales, tales como el de la Alimentación, la Vivienda, etc. Y si temen algún gesto indeseado que ponga en tela de juicio sus intereses, lo cortan de raíz. Baste para ello recordar el intento frustrado de Papandreu en Grecia para celebrar un referéndum, o la puesta fuera de escena de Berlusconi en Italia. Son auténticos Golpes de Estado encubiertos a la propia democracia, que son incluso justificados por la propia ciudadanía. Tal es el grado de extensión de su pensamiento único, el lavado de cerebro tan intenso al que tienen sometida a la población, con la inestimable colaboración de los grandes medios de comunicación que les hacen de portavoces bufones de sus teorías y de sus dogmas neoliberales.

Nos han llevado engañados por el camino de la Tecnología aliada, del avance en los medios electrónicos de pago, el endeudamiento desmesurado de nuestro sistema capitalista de consumo, y todo ello con la cobarde complicidad de nuestros Gobiernos, desde la llegada de la democracia. El ahorro social se liberaliza, se deja entrar a los bancos privados en la esfera de los derechos sociales y de los derechos fundamentales, que se convierten en pura mercancía, con la que se comercia y se hace más negocio bancario, se "titulizan" las propiedades personales, que se convierten en papel mojado, se engaña descarada y cruelmente a las personas con más edad y menos conocimientos financieros, hasta conseguir que los bancos ganen dinero hasta con nuestra respiración.

Y cuando todo esto estalla en nuestras propias narices, frente a la incapacidad de nuestros títeres gobernantes, el Estado se dedica a reponer los desaguisados de toda esta pléyade de estafadores y especuladores corruptos, como fieles perritos falderos, esclavos de su poder. Al socaire de todo ello, y para salvaguardar a las crueles entidades, se emprenden nuevas políticas económicas en aras del "saneamiento" de las cuentas públicas, cuando en realidad lo que se están saneando son los balances bancarios. Las llamadas "reformas estructurales" son en realidad exigencia de las grandes empresas y de los bancos, ávidos de entrar al gran melón de la rentabilidad, para seguir jugando con los intereses de las familias, de la ciudadanía, y seguir mangoneando con sus derechos fundamentales. Se pone en tela de juicio la sostenibilidad de los servicios públicos, para que el capital privado se cuele en ellos en aras de una mayor eficiencia en su gestión. El nuevo engaño está servido, de nuevo con la criminal complicidad de nuestros indignos gobernantes. Las fusiones y reformas del sector financiero no son más que parches para que puedan seguir desplegando su influencia y su poder en todas las facetas de la sociedad.

A todo ello se une la libertad total de circulación de capitales, la existencia de los paraísos fiscales, la evasión fiscal, y toda suerte de trampas financieras y de prerrogativas para el negocio bancario. La progresiva privatización de las pensiones públicas, si no lo detenemos, dará al traste con el derecho universal al sistema público de pensiones, y contribuirá a que los mayores del mañana se conviertan en los nuevos pobres, en los nuevos indigentes de este inhumano sistema. Sólo hay que recordar casos como el de la petrolera británica BP, para darse cuenta de hasta qué punto peligran los planes de pensiones suministradas por una empresa privada. La especulación se convierte en forma de actuación consentida, incluso fomentada por los poderes públicos. Mientras existen miles de viviendas vacías en nuestro país, otros cientos de ciudadanos/as son echados de sus casas porque no pueden hacer frente a su hipoteca. El terrorismo financiero campa a sus anchas, en una sociedad cautiva del enorme poder de dichas entidades. Ya no se invierte en actividades productivas, simplemente porque las entidades han de devolver todo el dinero prestado, pero incluso porque dichas actividades productivas son mucho menos rentables que las especulativas. Y todo ello incide en que la economía se derrumba, y el caos social está servido. Se extiende el desempleo y la pobreza, en un desolador y sombrío panorama.

Pero a los bancos y a las grandes empresas les da igual. Ellos siguen a lo suyo. Si un negocio especulativo se pone feo, abordan el siguiente. Siempre tienen más, porque su propio poder, alentado por los siervos del poder político, no tiene límites. Abordan el negocio especulativo en el mercado de materias primas, de los recursos alimentarios, en el petróleo, en el cambio climático, en la degradación de los recursos naturales. Invierten en los negocios de tráfico de armas, en la corrupción, sembrando destrucción y muerte. Blanquean dinero de las más macabras mafias e Instituciones, a costa de continuar con su poder e influencia. Sus políticas de ajuste se traducen en enfermedad y muerte para muchas personas. Pero ellos son los que mandan. Los poderes auténticamente representativos están contra las cuerdas, presos de su propia cobardía. El mundo de las finanzas criminales extiende sus redes por todos los foros, por todos los resquicios del mundo social, que ellos mismos dirigen y organizan. Los delitos de cuello blanco son amnistiados, consentidos y hasta fomentados, en cambio se acosa a los más débiles y desfavorecidos si irrumpen en algún supermercado, o si protestan para no ver más vulnerados sus derechos. Las víctimas se criminalizan, mientras se premia a los poderosos autores de las más viles fechorías. Así que, ¿todavía nos quedan dudas de quién manda aquí?

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