Esquerra Unida Els Verds Ajuntament d’Aldaia

Los crímenes sociales del capitalismo. Rafael Silva

Llega un momento donde el capitalismo, ávido de nuevos recursos que explotar a costa de otros recursos que destruir, llega a sus niveles álgidos de lo que pudiéramos denominar como "crímenes sociales". Se trata de una especie de "muerte civil" (expresión que ya usara Miguel de Cervantes) a la que se condena a cierto sector más deprimido de la población, donde el capitalismo se ceba sobremanera, y donde muestra sus auténticas fauces, su auténtico rostro, que no es otro que el rostro de la desesperación, de la desgracia, de la ruina, de la exclusión social, de la pobreza, de la miseria humanas. Esto es lo que estamos viviendo en nuestro país de un tiempo a esta parte.

En efecto, el panorama no puede ser más cruento: millones de personas paradas, inactivas, sin posibilidades de ningún empleo, sin la más mínima esperanza de encontrarlo a corto ni medio plazo, muchas de ellas con prestaciones indignas, de miseria, que no les dan ni para vivir una semana. A ello se suma el drama social de los deshaucios, a cientos de personas que diariamente son expulsadas de sus viviendas, excluídas de las posibilidades mínimas para realizarse socialmente. El capitalismo que llevamos cultivando tantas décadas nos conduce a estas situaciones. Viene fomentando desde siempre, desde que existe como modelo de sociedad occidental, "civilizada" (que palabra tan equivocada para expresar lo que estamos viviendo), el egoísmo, el individualismo, el culto al dinero, a las posesiones, a lo material. Fin de trayecto. Tenemos lo que hemos ido cultivando.

El capitalismo nos ha llevado a este modelo de sociedad insensible, viciada, cruel, abyecta, depredadora de la naturaleza y del medio ambiente, por medio de unos asquerosos entes llamados "empresas", que en su vertiente transnacional se dedican a destruir todo lo que se interpone en el camino de sus beneficios. Y esto es lo que tenemos. Una sociedad destructora de lo colectivo, de lo público, de lo que es de todos, y de lo que garantiza que todos tengamos lo mínimo, lo digno. Al mismo tiempo, una sociedad potenciadora de lo individual, de lo privado, del éxito entendido como la gran fortuna, las grandes propiedades. Los grandes empresarios se toman como modelo del éxito social, mientras se deteriora lo público, lo de todos. Se institucionaliza la política de exprimir al más débil, para instalar la filosofía del "sálvese quien pueda". El capitalismo nos lleva a esta selva humana, a esta jauría cruel e insensible del hombre contra el hombre.

El capitalismo nos lleva a una sociedad desprotectora para con los más débiles, mientras que se convierte en garante para con los más fuertes. El Gobierno y el Estado se alían con los poderosos, a modo de una cruzada para destruir todas las garantías de protección para el débil. Se desmontan los derechos sociales y laborales, que tantas décadas de lucha sindical costaron, bajo el argumento de que el Estado es pobre. Se reduce al mínimo la arquitectura del Estado, porque al capitalismo no le interesa un Estado fuerte que pueda enfrentarse a él. Las campañas de desprestigio de lo público se suceden, criminalizando las empresas públicas, el funcionariado, la actividad política en sí misma. La reducción de derechos y la desprotección social avanzan en oleadas, en un acoso sin fin a la clase trabajadora.

Mientras, se vende la imagen de que todos estamos en el mismo barco, de que todos somos iguales, de que saldremos de la crisis todos juntos, reforzados, de que hay que remar en la misma dirección, aunque sea la dirección del desastre y de la ruina de países enteros. Se culpabiliza a la clase trabajadora, a sus sindicatos, a todos los políticos, en una especie de corriente involucionista hacia un neofascismo de chaqueta y corbata, de banquero y de honorable Institución, que emplean sus fondos en rescatar empresas financieras, que son las que les apoyan. El poder económico ordena al poder político, que se convierte en su siervo, en el guardián de sus intereses.

Nos lleva este capitalismo de casino a una sociedad que ignora no sólo los Derechos Humanos, sino también los recogidos en la propia Constitución, pero que en cambio esfomentadora de las desigualdades sociales, que se legitiman, se justican y se alientan, criminalizando y reprimiendo a los sectores de la población que osen enfrentarse a sus dogmas. Este es el panorama que tenemos. Una podrida sociedad donde jueces, policías y cerrajeros (de momento) van por delante de políticos y banqueros. No cabe mayor amargura social que la de comprobar cómo tu misma sociedad te deshaucia, te excluye y te relega a la miseria, a la mendicidad, o al consuelo y la protección de tus mayores. Mientras, los hijos otean un horizonte perdido, sin futuro, condenados al esclavismo laboral, o a la emigración a otros países.

Sí, porque una familia que constituye de cara a las estadísticas del INEM un número más, un número que engrosa el ejército de inactivos, a los que se puede explotar, y despojar de sus más elementales derechos, también va a ser deshauciada, víctima de la violencia que ejerce un banco, que legitima una Ley, que aprueba un político, que dictamina un juez, que protege el policía, y cuya puerta desmonta un cerrajero. Ocurre todos los días, en cualquier calle, en cualquier plaza, de cualquier ciudad. Está ocurriendo siempre. Mientras, abajo, en la calle, un grupo de familiares, vecinos y amigos, junto con la propia voz y fuerza del pueblo, que se agrupa y une su fuerza para enfrentarse a este crimen social, clama para impedirlo. Por fin vemos la cara al capitalismo.

http://rafaelsilva.over-blog.es/art...



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